Silvia Pérez.

#Voto

#ClaseSocial

#Comportamiento Electoral

La clase social se ha considerado tradicionalmente como uno de los factores explicativos más importantes del comportamiento electoral. Sin embargo, dicha premisa explicativa del voto parece haber ido perdiendo fuerza durante estos últimos años, muestra de ello es el auge de partidos de extrema derecha. Lo que hace inevitable que nos cuestionemos si la pertenencia a una determinada clase social sigue condicionando hoy en día el voto de los ciudadanos.

Antes de comenzar a analizar si la clase social sigue proporcionando cierto anclaje en el voto, esto es, si continúa amarrando al votante a un determinado partido, permitiendo así predecir cuál será su comportamiento electoral (Torcal y Medina, 2007), es necesario determinar el origen y el significado del voto de clase. Este término procede de la evolución del clivaje capital-trabajo, surgido este último durante los primeros avances de la Revolución Industrial. Dicha Revolución supuso un aumento de las masas de asalariados, los cuales descontentos con sus condiciones de trabajo y sintiéndose social y culturalmente distintos que sus patronos acabaron creando sindicatos y partidos socialistas desde donde se reunían y luchaban por sus intereses comunes (Lipset y Rokkan, 1990: 253). Así fueron surgiendo alineamientos electorales condicionados por la clase social a la que se pertenecía.

Ahora bien, parece que dichos alineamientos se han ido debilitando en los últimos tiempos. Las características sociales han perdido fuerza como antecedente del voto en Europa, los ciudadanos se desligan de las ataduras que suponen sus adscripciones sociales, haciendo uso cada vez más de mecanismos individuales en la toma de decisiones (Cordero, 2014: 37). Una vez que los votantes han visto cubiertas sus necesidades básicas, éstos ya no condicionan tanto su voto a un determinado partido por sus políticas de clases, sino que optan por votar a aquellos partidos que mejor les representa en otros aspectos o valores que han cobrado una mayor relevancia en la realidad social en la que viven. Esto es lo que parece explicar el aumento del apoyo electoral que la extrema derecha está experimentando en diferentes países de Europa. Estos partidos extremistas han optado también por traspasar la barrera de la clase social, siguiendo la estrategia “catch-all”, ya no buscan atraer a un grupo de votantes relativamente homogéneo, sino que su estrategia política está basada en seducir al mayor número de votantes posible (Montero, 2008: 603-605). Los líderes extremistas aprovechan temas de actualidad, tales como la crisis migratoria para fomentar un sentimiento de rechazo y miedo hacia el inmigrante, que parece estar calando en sectores que de acuerdo con la teoría del voto de clase no deberían votar a estos partidos.

Para comprobar si efectivamente se ha producido un desalineamiento entre la clase social y el voto, se realizará un análisis para determinar cuáles son los sesgos de la población que optan por estas opciones extremistas. Así, para comprobar la clase social del encuestado se tomará en consideración su nivel educativo, ya que tradicionalmente se ha relacionado dicha variable con el nivel socioeconómico del individuo, asociando una mayor clase social con un mayor nivel de estudios. Asimismo, se tomará en consideración el partido por el que el votante siente mayor afinidad.

Comenzando por Francia, es necesario puntualizar que las últimas elecciones generales han provocado un gran cambio en el sistema político del país (el Frente Nacional ha pasado a convertirse en la segunda fuerza política más votada, por delante tanto del Partido Socialista y del partido de los Republicanos). Ahora bien centrándonos en el gráfico, se puede observar como los datos obtenidos difieren de lo que se podría esperar de acuerdo con el voto de clase. Mientras que los votantes con un mayor nivel educativo tienden a decantarse o bien el Partido Socialista o por Los Republicanos, siendo muy pequeño el porcentaje que vota al partido extremistas. Se puede observar como en los votantes con niveles educativos más bajos, a pesar de que el Frente Nacional no llega a ser su primera opción, sí que es cierto que este partido tiene más calado en estos sectores de la población.

En segundo lugar en Austria, las elecciones del pasado octubre han revalidado al Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) como la tercera fuerza política del país. De acuerdo con el gráfico, se puede observar una ligera variación con el caso francés, a pesar de que el partido extremista sigue aglutinando su mayor porcentaje de votos entre las clases sociales más bajas, aquellos votantes con el menor nivel educativo no optan tanto por este partido, sino por el socialdemócrata. Al igual que en el caso anterior, el porcentaje de votantes de clase alta que optan por este partido es muy bajo.

Por último tenemos Holanda, donde el pasado marzo tuvieron lugar las elecciones generales. En ellas, el partido de extrema derecha (“Partido por la Libertad”) se convirtió en la segunda fuerza más votada. Atendiendo al gráfico, podemos observar como la tendencia de voto que hemos visto hasta ahora se mantiene, es en los votantes con un menor nivel educativo donde se concentra la gran mayoría de votos de este partido. Mientras que los que podrían considerarse como clases más altas optan por los otros dos partidos, siendo pequeño el porcentaje de votantes que opta por el partido extremista.

Teniendo en cuenta los datos obtenidos, nuestra hipótesis parece confirmarse, se ha producido un desalineamiento entre la clase social y el voto. Es innegable que la realidad social ha cambiado desde el origen de la teoría del voto de clase, y es que, a pesar de que aún continúan existiendo diferencias entre las distintas clases sociales, éstas parecen dejar de haber sido determinantes como antecedente al voto. Los votantes ya no se sienten tan apegados a ellas, se mueven por intereses y valores individuales, provocando que ya no exista tanta uniformidad en el voto entre personas que en teoría pertenecen a una misma clase social. Cabría esperar que el auge de los partidos de extrema derecha se debiera el voto de las clases altas de la población, que son las que tradicionalmente votan a la derecha, sin embargo, es la clase baja la que está provocando este auge.

 

Bibliografía:

  • Cordero, Guillermo. 2014. Religiosidad y voto en 34 democracias europeas. Revista Española de Ciencia Política, 34 pp. 35-65.
  • Lipset, Seymmour M. y Rokkan, Stein. 1967. Party systems and voter alignments, New York: The Free Press.
  • Montero, José R. 2008. Elecciones y Sistemas de partidos. En Jiménez de Parga y Cabrera y Vallespín Oña (coords), La Política. Biblioteca Nueva, pp 581-616.
  • Torcal, Mariano y Medina, Lucía. 2007. La competencia electoral entre PP y PSOE: el peso de los anclajes de ideología, religión y clase. En Montero, J. R., Lago I., y Torcal, M (coords). Elecciones Generales 2004, pp 257-302.