Adrián López Fernández.

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Es una historia de sobra conocida para quienes estén familiarizadas con la política española de un tiempo a esta parte; aquí va un resumen: desde que se celebraran las primeras elecciones a la Junta de Andalucía en 1982, todos los gobiernos que han surgido de las urnas en los comicios autonómicos han sido de un solo signo, el del PSOE-A.

Esta fidelidad del electorado andaluz hacía esta fuerza política es cuanto menos digna de análisis; y este es el objetivo que, modestamente, persigue este post. Si ya de por si puede resultar un tema interesante el tratar de arrojar algo de luz sobre por qué este idilio amoroso ha sido tan longevo, no debemos olvidar que ha atravesado alguna fase de descreimiento o, como suele decirse en la jerga habitual, no ha estado exento de baches.

A la hora de abordar este análisis nos hemos centrado fundamentalmente en tres variables para tratar de explicar por qué el PSOE se ha convertido en el partido dominante en Andalucía: el posicionamiento en la escala izquierda-derecha, el hábitat rural frente al hábitat urbano y el nivel educativo en el contexto andaluz. El periodo elegido para tratar de arrojar luz sobre este asunto ha sido el que discurre entre la primera ronda de la Encuesta Social Europea (ESS 2002) hasta la ronda 7 (ESS 2014), si bien para medir la variable dependiente “voto en las últimas elecciones generales” se han tomado únicamente aquellas rondas de la encuesta cuyo trabajo de campo en España está más cercano temporalmente a las fechas de los comicios al parlamento estatal de los años 2000, 2004, 2008 y 2011.

Es comúnmente aceptado en el ámbito de la ciencia política la existencia de cuatro grandes cismas o clivajes que se han ido configurando históricamente en Europa y en otros lugares del mundo de influencia europea, de tal suerte que el grado de arraigo de estos dentro de las sensibilidades políticas autóctonas de los países termina siendo un factor capital en la configuración de sus sistemas de partidos (Lipset y Rokkan, 1967). La segunda de las variables de nuestro repertorio trata de examinar si en el seno de la sociedad andaluza tiene cierta relevancia el cisma entre el mundo rural y el mundo urbano. Según la OCDE, se puede definir el medio rural como aquellas regiones en las que la densidad de población sea inferior a 150 hab./km²; Andalucía muestra un dato de 91,1 hab./ km² para el periodo seleccionado según el Instituto Nacional de Estadística (INE), y puede ser considerada como un entorno rural; sin bien no tan rural como otras Comunidades Autónomas.

El gráfico muestra que el apoyo a la candidatura socialista ha sido considerable hasta las elecciones de 2011, mostrándose más sólido en el hábitat rural que en el urbano. Asimismo, el dato de la abstención refleja que ésta tiende a operar a favor del PP en el ámbito urbano. Sería interesante continuar con futuras rondas de la ESS para ver si se confirma la tendencia al alza éste y si el desplome socialista continúa.

Para tratar de obtener como ha ido variando el posicionamiento de los andaluces sobre el eje izquierda-derecha, en el que un 1 es la izquierda y un 10 la derecha, hemos obtenido la media para cada ola desde la 1 a la 7 de la ESS y el resultado ha sido que los andaluces tienden a situarse entre el 4 y el 4,7; asimismo, a partir de 2006, la ciudad se acerca más al centro que el campo, lo que podría explicar esta tendencia favorable al PP. Por el contrario, desde el 2012, tal vez a consecuencia de la crisis económica las andaluzas estén virando moderadamente a la izquierda.

Fijémonos ahora en el contexto de la educación; datos del INE nos muestran la singularidad de esta comunidad autónoma en este sector. En el periodo estudiado Andalucía ha conocido elevadas tasas de paro; con bajadas del 18,2% al 13,8% entre 2003 y 2005 y un repunte crítico hasta alcanzar el 36,2% en el año 2013. Pese a la tendencia en positivo, el % de población activa que ha superado estudios post-obligatorios es menor al 50% y es una comunidad con una tasa bastante baja de gente que aprueba la selectividad (33% en 2009). Igualmente, la población adulta sin estudios hasta 2005 superaba a los que tenían algún tipo de graduado escolar, ya fuera de educación primaria, secundaria o educación superior. Por ver los contrastes entre los grupos según el nivel máximo de educación que han alcanzado, cogeremos el extremo inferior, el punto intermedio y el extremo superior.

Es esclarecedor el hecho de que la gente sin estudios tiende a apoyar al PSOE por encima de los demás, mientras que la gente con un nivel de estudios más alto, que asumimos que son de hábitat urbano, tiende a apoyar más al PP. Los que tienen la secundaria, que es un techo educativo para bastantes andaluces, se muestran más volátiles o a tienden a seguir la corriente ganadora (efecto bandwagon). Sorprende el hecho de que muchos entrevistados se niegan a desvelar su voto. Normalmente, este sesgo suele beneficiar al PP, pues es más impopular describirse como votante de derechas y en Andalucía asumimos que lo es todavía más.

A modo de conclusión, al PSOE se le presenta un futuro incierto en Andalucía. Si bien es verdad que el votante del mundo rural se ha venido manteniendo más o menos fiel hasta la fecha, sin embargo, en la ciudad los afectos se están perdiendo y tal vez se termine cerrando un capítulo en esta historia, si se llega a producir un fenómeno de desencanto capaz de romper esta longeva fidelidad. Sería interesante mirar datos de las sucesivas rondas que están por venir de la Encuesta Social Europea para comprobar si vamos por el buen camino.

 

Referencias bibliográficas: