Xabier Elbira.

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¿Es el voto nacionalista un voto de clase alta? ¿Son de izquierdas o de derechas? ¿Son vascoparlantes los nacionalistas? Todas estas preguntas nos asaltan cuando hablamos de nacionalismo vasco. Para responder a estas preguntas he empleado la séptima ronda de la Encuesta Social Europea (ESS) de 2014. La intención era analizar el voto en toda Euskal Herria, es decir, los territorios que comprenden legalmente Euskadi, Navarra y el País Vasco del Norte que son varios territorios del sur de Francia. Sin embargo, debido a la posible extensión que supondría tal análisis y a que sería realmente difícil acceder a los datos del País Vasco del Norte porque no conforman una región en sí y a los de Navarra puesto que la ESS no termina de diferenciar ni aplicar correctamente los términos electorales con los que se presentan las coaliciones independentistas, me remitiré solo a una parte de Euskal Herria: los territorios de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, que forman legalmente Euskadi.

Una de las variables que podíamos plantear es si la clase social es condicionante del voto nacionalista. Misrolav Hroch (1985) argumentó que el surgimiento y desarrollo de movimientos nacionalistas está vinculado a las oportunidades de movilidad social ascendente de los grupos de élites que promueven, en primera instancia, un resurgimiento de la cultura nacional para encabezar después la movilización política nacionalista. En la misma línea, Díez Medrano (1999) dijo que el sobredesarrollo económico en Euskadi explicaría la configuración territorial de unos intereses de clase distintos a los de España. Las provincias vascas tuvieron un modelo de crecimiento basado en bienes de capital que propició la formación de una élite capitalista muy restringida y, en algunos aspectos, dependiente económica y culturalmente de las élites españolas, lo que propició un apoyo mucho menor al nacionalismo entre las clases altas y medias. He de reseñar que la estructura económico-social ha cambiado y que actualmente es la región con una mayor renta per cápita y menor riesgo de pobreza del Estado Español. No obstante, actualmente se está fraguando una nueva clase media en la que a pesar de tener un trabajo asalariado necesitan de la Renta de Garantía de Ingresos que ofrece el Gobierno Vasco para poder hacer frente a la situación económica actual.

Por tanto, entendemos que actualmente podrían ser las clases medias y bajas quienes sustenten el apoyo al nacionalismo vasco. Asumimos por nacionalistas al PNV (aunque su posición sea a veces ambigua como en la reciente crisis que ha ocurrido en Catalunya), a AMAIUR-EH Bildu y, no voy a incluir a Podemos, aunque realmente está en una situación no mucho más incierta que la del PNV puesto que se plantean un referéndum sobre la cuestión territorial y varios de sus miembros son reconocidos “abertzales”.

 

Analizando el gráfico nos percatamos de que casi el 90% de los afines a la izquierda abertzale son asalariados y un 10% pensionistas. El 50% de los votantes del PNV son asalariados, el 33,3% pensionistas y el 16,7% desempleados. Es por ello por lo que podemos aducir que las clases medias y bajas siguen siendo quienes sustentan el nacionalismo vasco puesto que, además, en términos electorales suponen un 58,49% de los votos y juntando con Podemos, que tiene apoyos similares y posiciones políticas parecidas, suman un 73,25%.

En cuanto a si los votantes nacionalistas tienden a posiciones más de izquierdas o más de derechas con una breve visual al gráfico nos percatamos de que el electorado tiende más hacia la izquierda. El 70% de los votantes de Bildu son de extrema izquierda, al igual que lo son el 30% de los votantes del PNV-EAJ. A pesar de que los datos de Bildu eran predecibles no los son así los del Partido Nacionalista Vasco que es un partido, en un principio, conservador. Una de las razones que puede explicar esto es el efecto transversal que provoca. Los jeltzales (afines al PNV-EAJ) son votados por personas desde la posición uno (un 10%) en el espectro ideológico izquierda-derecha donde 0 es extrema izquierda y 10 extrema derecha, pero también son votados por personas en la posición número seis (otro 10%). Hay una concepción totalmente distinta en Euskal Herria a la que pueden tener en España de lo que es el PNV-EAJ, puesto que mientras que fuera se piensan que es un partido similar al PP, pero “a la euskalduna”, los votantes de izquierdas vascos saben cuán errónea sería esa afirmación. Por poner un ejemplo: en las pasadas elecciones Podemos no pretendió demonizar a los jeltzales y todas las críticas que emitieron hacia Urkullu (lehendakari) fueron en tono pedagógico. Al mismo tiempo, la otra gran fuerza de izquierdas en vez de querer derrocar a los nacionalistas pretendía unirse a ellos junto con Podemos para gobernar.

 

Por otro lado, los votantes del PSE son un 50% de extrema izquierda, un 25% de izquierdas y un 25% de centro, mientras que los del PP son un 33,3% de derechas y un 66,7% de extrema derecha. Hay que tener en cuenta, también, los datos de IU que son un 75% de extrema izquierda y un 25% de izquierdas. Sin embargo, a pesar de los datos de Izquierda Unida, éstos no tienen representación electoral y su porcentaje de voto es irrisorio. En esa misma línea se encuentra el Partido Popular que podría comenzar a considerarse como marginal pues su porcentaje de voto ronda el 10%, no mucho menos que el del PSE, por otra parte.

Según Díez Medrano (1999) podemos afirmar que el voto al PNV o EA (partido con el que ha acudido en alguna ocasión a las elecciones) no tiene un perfil socioeconómico lo suficientemente definido como para confirmar las expectativas vinculadas a los distintos modelos de sobredesarrollo económico en el País Vasco. Sin duda el peso de la movilización identitaria puede estar determinado en parte por la existencia, o no, de rasgos adscriptivos de pertenencia o identificación con el grupo. En este sentido es probable que la existencia de un rasgo adscriptivo, como una lengua autóctona, proporcione un criterio claro de pertenencia al grupo y favorezca que los partidos lleven a cabo una movilización de tipo identitaria. Sin embargo, el peso que cada partido nacionalista otorga a los criterios de pertenencia no está determinado sólo por las características contextuales en las que se desenvuelven dichos partidos, sino que, en gran medida, se trata de una opción abierta a las distintas estrategias partidistas. Y de esta forma llegamos a la última de las variables a analizar, que es si el hecho de hablar euskera condiciona hacia el voto nacionalista.

A priori, como ya he descrito, es más sencillo votar o sentirse cercano a partidos nacionalistas si se es parte del grupo al que representan y, por tanto, el hecho de hablar euskera, así como de tener tradición vasca hace más habitual el apoyo al PNV o a la Izquierda Abertzale por parte de gente que sí habla el euskera desde la infancia.

 

De hecho, como podemos observar en el gráfico ninguno de los encuestados que vota a Izquierda Unida, PSE o PP habla euskera desde el hogar. Sin embargo, el 66,7% de los votantes de Bildu utilizan la lengua vasca como la vehicular en casa frente a un 33,3% que emplea el castellano. El 16,7% de los encuestados del PNV-EAJ hablan euskera desde pequeños frente a un 87,3% que no. Este último caso puede ser debido a que las políticas de normalización lingüística vienen dándose desde los años 80 y no todas con la misma efectividad. Por lo que es más habitual, y así lo avalan los datos, que el euskera sea una lengua más empleada por gente joven que por gente mayor. Así pues, habiendo quedado claro que el PNV-EAJ tiene un mayor voto de gente mayor (puesto que hay muchos pensionistas) y que, aunque no es su objetivo, parece obtener méritos como partido ciertamente transversal, entendemos que tenga un menor porcentaje de gente que sabe euskera porque se lo enseñaron en casa. El otro partido que tiene entre sus votantes personas que hablan euskera como lengua materna es Podemos con un 27,3% frente a un 72,7% que no.

Como conclusión, es plausible extraer que los partidos nacionalistas y la cuestión identitaria tienen sus bases en la actual clase media y clase baja, que por cuestiones históricas son quienes siempre lo han apoyado frente a una clase burguesa muy reducida y en algunos aspectos dependiente de Madrid. Además, en lo que a la ideología de esa clase media y clase baja se refiere, son en su mayoría personas entre el 0 y el 6 en el espectro ideológico de izquierda-derecha. La mayor parte los nacionalistas tienen posiciones izquierdistas si bien algunos se acercan al centro o a la derecha (recordemos que un 10% de los votantes del PNV tiene una posición de 6) y otros se acercan a la extrema izquierda (un 30% de los votantes de Bildu tienen una posición de 0). Además, según los datos de la séptima ronda de la ESS vemos que quienes hablan euskera son más propensos a votar a la Izquierda Abertzale, al PNV-EAJ o a Podemos, que son partidos más identificados con la cuestión territorial y con la posibilidad de plantear el tema nacional sobre la mesa de actuación política. Según datos de 2011 de EUSTAT el 76,0% de los vascos mayores de 19 años son vascoparlantes y el 17,4% lo hablan “a medias”. Por lo que concuerda con todos los datos aquí descritos puesto que si una gran mayoría de vascos sabe hablar euskera eso se ve representado en la mayoría parlamentaria que son los tres grandes partidos antes mencionados.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Díez Medrano, Juan. 1999. Naciones divididas: clase, política y nacionalismo en País Vasco y Cataluña. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.
  • Hroch, Misrolav. 1985. Social preconditions of national revival in Europe: a comparative analysis of the social composition of patriotic groups among the smaller European nations. Cambridge: Cambridge University Press.
  • Pérez Nievas, Santiago y Bonet, Eduardo. 2006. Identidades regionales y reivindicación de autogobierno. El etnorregionalismo en el voto a partidos nacionalistas de Bélgica, España y Reino Unido. Madrid: Revista Española de Ciencia Política. Núm. 15, octubre 2006, pp. 123-161.