Marta Díaz Ramos.

#IdentificaciónPartidista

#SistemadePartidos

Es cierto que la identificación partidista favorece la estabilidad democrática, sin embargo, parece que este factor ha ido perdiendo importancia en los últimos años debido a la complejidad que han ido adquiriendo los sistemas de partidos.

La identificación partidista ha estado siempre vinculada con la política norteamericana. El votante norteamericano, realiza una distinción entre liberales y conservadores, y no entre izquierda y derecha (Sani y Sartori 1980).

Esto sucede de forma similar en Reino Unido, pues que los británicos se basen entre su propia posición y la de los partidos en el espacio izquierda-derecha para decidir su voto, dista de lo que ocurre en la realidad (Butler y Stokes 1969). Que ambos se asemejen, puede explicarse en que uno y otro tradicionalmente cuentan con un sistema bipartidista, sistema que es más simple y en consecuencia, supone que sea más sencillo que los votantes utilicen como atajo la simpatía que les genera uno u otro partido.

No obstante, debe matizarse que, en el caso británico, aunque se da el predominio de dos partidos políticos -conservadores y laboralistas- que se han ido alternando el ejercicio del poder, en algunas elecciones, ha tenido presencia más o menos significativa un tercer partido -liberales-. Por tanto, en la actualidad esto podría generar alguna distinción entre ambos países y la intensidad de la identificación partidista.

Italia, permite analizar qué ocurre en sistemas de partidos más complejos. El sistema de partidos italiano es calificado como pluralista polarizado (Sartori 1966), ya que desde de los años 40, concurren a las elecciones generales bastantes partidos politicos, y entre ellos, la presencia de partidos antisistema (como Movimento 5 Stelle en la actualidad). En consecuencia, existe una distribución de los partidos dispersa, y, además, se cubre toda la distancia posible.

La presencia de sentimientos antipartidistas ha coexistido con altos niveles de identificación partidista (Sani y Segatti 2001), sin embargo, en Italia los electores de los diferentes partidos se autoubican en el eje ideológico izquierda-derecha (Spreafico 1987), posicionando a los partidos políticos en el mismo eje, y así determinan cuál es más cercano a su ubicación

ideológica. La explicación a la preferencia por la ideología, se explica debido a la complejidad de los sistemas multipartidistas, donde situar a los distintos partidos en el eje izquierda- derecha, facilita a los electores de este tipo de sistemas votar. Además, les permite hacer uso de otras técnicas, como el voto estratégico, esto es, que, aunque tengan simpatía por un partido, si saben que este no va a ganar las elecciones, votar a su segunda preferencia electoral, dentro de su rama ideológica, para influir mejor en el resultado de esos comicios. Icluso, y debido a la existencia de partidos antisistema podrían hacer uso del voto protesta, ya que el voto hacia estos partidos se utiliza para mostrar el descontento de los electores.

España es interesante, ya que el sistema de partidos ha sufrido un cambio en los últimos años. Spreafico a finales de los años 80, auguraba que el hecho de que un solo partido dispusiera de la mayoría absoluta, teniendo la segunda fuerza política un consistente porcentaje de votos, prefiguraba la posibilidad de un sistema bipartidista, y aunque la hegemonía del PSOE en esa década podía hacer pensar también en un sistema de partido dominante, el giro hacia el centro del PP en 1989, provocó la alternancia en el gobierno en 1996, dando comienzo a un ciclo en el que el voto se concentró entre PP y PSOE, alternándose entre ellos el poder, aunque existían más partidos políticos, pero estos con poca representación, por lo que se habla de un bipartidismo imperfecto.

A pesar de ello, el sistema de partidos parece que desde 2011 está evolucionando hacia un multipartidismo fragmentado ya que junto a los dos partidos tradicionales aparecen dos nuevos partidos -Podemos y Ciudadanos- que se disputan el poder, y continua la presencia de numerosos partidos.

En el caso español hay que destacar que es un país que no tiene un nivel alto de identificación partidista (del Castillo 1989), los electores deciden basándose entre su propia posición y la de los partidos en el espacio izquierda-derecha. No obstante, si que parece interesante la evolución de la identificación partidista, sobre todo en los últimos años, pues sirve de ejemplo para explicar lo que sucede en otros países.

Los datos de la Encuesta Social Europea (ESS) dan cuenta, en primer lugar, de que, aunque en los últimos años en Reino Unido no ha habido un predominio de la identificación partidista como ha ocurrido tradicionalmente, el nivel de identificación ha permanecido constante, y esta estabilidad se debe al sistema de ‘dos partidos y medio’, con el que ha contado. Por otro lado, este gráfico también nos permite confirmar que, en sistemas complejos como el italiano, la identificación partidista no tiene cabida, lo que supone que esta haya ido disminuyendo progresivamente. Por último, se ve como la identificación partidista en el caso de España ha evolucionado al igual que lo ha hecho su sistema de partidos.

El caso español parece interesante tratarlo de manera aislada, pues es el que más cambios ha experimentado en cuanto a identificación partidista. Si atendemos a los datos de la ESS, destaca la posición del PSOE sobre el resto de partidos a lo largo de los años. Por otro lado, el descenso que se produce desde el año 2008 se puede explicar con la tesis del desalineamiento (Dalton y Wattenberg 2000), pues la de la pérdida confianza en las instituciones democráticas, el surgimiento de movimientos sociales (Movimiento 15-M) etc., produce que los electores comiencen a sentirse menos identificados y se distancien de los partidos políticos. Sin embargo, la aparición de nuevos partidos, permite que se hable del realineamiento, ya que los votantes pueden haber encontrado otro partido con el que generar una nueva relación de afecto, y esto es lo que se refleja en el gráfico, pues los nuevos partidos tienen unos niveles significativos de identificación y presumiblemente estos irán en ascenso.

En síntesis, a medida que el sistema de partidos se vuelve más complejo la identificación partidista deja de tener relevancia. Además, en los últimos años se ha producido un fuerte desalineamiento sobre todo con los partidos tradicionales. Sin embargo, es interesante ver como los nuevos partidos son capaces de obtener en tan poco tiempo una identificación partidista cercana en términos cuantitativos y cualitativos a la de partidos que llevan décadas en el sistema político.