Elías Manzano Corona.

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Es un mantra más o menos extendido en el imaginario común, asociar alineamientos políticamente conservadores con las zonas más rurales y menos pobladas, y viceversa, asignar a los territorios urbanos una ideología y comportamiento más progresistas. De hecho, algunas de las críticas vertidas hacia el sistema electoral español tienen como fundamento nuclear esta premisa: concebir las circunscripciones electorales tendenciosas por sobrerrepresentar las áreas rurales y con ello privilegiar el voto conservador (Peñas, 1999). Pero, ¿existe realmente esta relación? Y, de ser así, ¿a qué se debe?

De la mano de la Encuesta Social Europea, vamos a examinar en el presente post la veracidad de esta hipótesis para dos comunidades autónomas de España. A propuesta del profesor, he seleccionado la Comunidad de Castilla y León y la Comunidad de Andalucía. En la siguiente tabla podemos observar los porcentajes en la escala izquierda-derecha según se ubiquen los encuestados, que a su vez están divididos por su pertenencia a una gran ciudad, pequeña ciudad o pueblo dentro de estas dos comunidades:

 

Para el caso particular de Castilla y León, comprobamos que los porcentajes más elevados en la posición 1 y 2 de la escala ideológica pertenecen a la categoría Gran ciudad, como cabía presumir según nuestra hipótesis inicial. Es cierto que tanto en la posición 3 como en la 4 encontramos porcentajes más altos en las categorías Pequeña ciudad y Pueblo, pero las distancias no son excesivas con respecto a los porcentajes que arroja la Gran ciudad. Sí es relevante, a mi juicio, la predominancia de la posición 5 en la Gran ciudad con un 36%, frente a los datos obtenidos en las otras dos categorías de carácter más rural. Para la categoría Pequeña ciudad observamos que la mayoría se sitúa en la posición 6 dentro de la escala izquierda-derecha, concretamente lo hace casi el 28% de los encuestados, reflejando una clara tendencia al centro-derecha. Asimismo, en la categoría Pueblo, aunque la mayoría se sitúa en la posición 5 (un 25%), tanto la posición 6 como la 8 obtienen porcentajes muy altos (más de un 16% cada una), revelando un fuerte impacto conservador en el comportamiento de los encuestados. En definitiva, los datos confirman la hipótesis inicial.

El análisis de los datos arrojados en Andalucía es más complejo. Para la Gran ciudad, las posiciones entre el 0 y el 4 aglomeran al 50% de los encuestados. Para la pequeña ciudad, este porcentaje se reduce hasta el 43’5%. Sin embargo, en la categoría Pueblo, el porcentaje asciende al 55’5%, contradiciendo la previsión natural de nuestra hipótesis según la cual los alineamientos ideológicamente conservadores son propios de los territorios menos poblados. En esta muestra, observamos, en cambio, que la ideología de izquierdas es más fuerte en las zonas rurales que en las zonas urbanas para el caso de Andalucía. Es razonable pensar que esta desviación pueda explicarse a partir de la idiosincrasia particular de esta región, los rasgos culturales de su estructura social, la historia que le precede y su tradición libertaria y anarquista (Laínz, 2012).

En relación a estas posibles explicaciones y, concretamente, la fuerte división establecida entre los jornaleros y los propietarios de la tierra, es ilustrativo el Gráfico 1, donde podemos observar la enorme desproporción entre los trabajadores por cuenta ajena que pertenecen a empresas privadas en Andalucía, por un lado, y en Castilla y León, por otro.

Asimismo, y volviendo a la Tabla 1, es relevante señalar el notable peso que las posiciones de izquierda tienen en el conjunto de la sociedad andaluza. Las posiciones que van del 0 al 5 agrupan en la Gran ciudad, la Pequeña ciudad y el Pueblo, al 84’6%, 75’3% y 87% de los encuestados, respectivamente. Mientras que en Castilla y León, los porcentajes serían, respectivamente, de 81’9%, 52’9% y 60%. La diferencia es, por tanto, muy significativa.

 

Conclusiones:

La hipótesis inicial planteaba un predominio de comportamientos políticamente conservadores en las zonas rurales, frente a las conductas más progresistas de los entornos urbanos. La muestra empírica que en este post se ha recogido no es lo suficientemente amplia como para abrazar planteamientos generales, pero sí puede servir para arrojar algo de luz respecto a la validez de esta hipótesis para dos importantes regiones de nuestro país.

Por ello, y tomando estas precauciones ineludibles, podemos inferir de los datos observados que, efectivamente, la hipótesis se confirma para el caso de Castilla y León. Sin embargo, para la región de Andalucía los datos parecen impugnar dicha idea, ya que es precisamente la geografía rural la que presenta comportamientos más fuertemente alineados con las posiciones de izquierda. Se han aventurado aquí algunas posibles explicaciones para esta asimetría, como las particularidades históricas de esta región, su cultura libertaria y anarquista o la singular conformación de su estructura social. En relación a esta última posible justificación, los datos han aportado una visión esclarecedora: los trabajadores por cuenta ajena que pertenecen a empresas privadas en Andalucía suman más de 20 puntos porcentuales respecto a los trabajadores de esta misma categoría en Castilla y León.

 

Bibliografía: