Alexane Barroux.

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«Existe una cultura obrera, una manera de ser un obrero, una relación particular de los obreros a la vida y al trabajo. Si soy elegido presidente de la Republica, no dejaré perderse esta cultura obrera” (Nicolas Sarkozy, discurso de Saint-Quentin, del 25 de enero de 2007). [1] En su discurso, N. Sarkozy, candidato de la derecha parlamentaria, recuerda que el electorado obrero, considerado durante mucho tiempo como un verdadero apoyo a la izquierda, constituye hoy en día un electorado a conquistar.

Desde finales de los años 1970[2], se observa en Francia una mutación importante del voto obrero. Aunque fue mucho más favorable a partidos de izquierda al comparar con la media de los franceses, el voto obrero se ha banalizado poco a poco, antes de que las elecciones presidenciales de 2002 ponen fin “al voto de clase obrero”: el 21 de abril de 2002, por primera vez, en la V República, los obreros no concedieron ventaja a la izquierda. Hoy en día, los obreros representan todavía 13% de la población francesa, un porcentaje significativo que puede inclinar la balanza en las elecciones. Por lo tanto, es un electorado estratégico para los candidatos.

En las últimas décadas, el voto obrero ha evolucionado considerablemente y se observa que tiende a apoyar cada vez más el Frente Popular. El politólogo Pascal Perrineau ilustra esta situación con su concepto de “gaucho-lepénisme”[3], término paradójico, forjado en los años 1990 para sostener que los obreros que votan por el FN constituyen ex – electores de izquierda, que no ven contradicciones en su cisma a favor de la extrema derecha. Los resultados de las elecciones presidenciales de 2017 en Francia muestran que la candidata del FN, Marine Le Pen obtuvo una puntuación alta con los obreros, empleados y desempleados. Aparece como LA candidata del mundo obrero, con el respaldo de casi 40% de los votos obreros. Este cambio del voto obrero corresponde a un proceso a largo plazo que abarca décadas de la vida política francesa.

Se trata según Pierre Martin, de un “desalineamiento electoral”[4]: el voto de los obreros se acerca de manera progresiva al voto de la media del electorado para después acercarse de un voto más extremo. Este desalineamiento electoral tiene que ser vinculado con las rupturas identitarias importantes que ha conocido el grupo obrero con un retroceso considerable del sentimiento de pertenencia a la “clase obrera” en la población francesa.[5]

En 2002, un candidato de extrema derecha, Jean-Marie Le Pen, accede por primera vez a la segunda vuelta, mientras que la izquierda está ausente del “duelo político decisivo”. Este seísmo político esconde numerosas evoluciones electorales. En efecto, a partir de datos de la Encuesta Social Europea, se ha notado que ya en 2002, los obreros y especialmente la categoría de los mineros y metalúrgicos votaron a 31% a favor del FN.

 

Además, para la categoría de los maquinistas (machine tool setters), se observa claramente una evolución de 2002 a 2006: los maquinistas votan menos a favor de la izquierda: en 2002, 23% de los maquinistas votaron por el partido Lucha Obrera y 30% a favor del Partido Comunista mientras que en 2004 se ve una desaparición de los votos a favor de los partidos Lucha Obrera y Partido Comunista, y el PS totaliza solamente 16% de los votos de los maquinistas. Además, se nota que el porcentaje del voto a favor de la extrema derecha no para de aumentar entre 2002 y 2006, pasa de los 22% de apoyos de los maquinistas al FN a 40% en 2006. También, en 2004, 36% de los maquinistas que votaron lo hicieron por el MNR (Movimiento Nacional Republicano), un partido de extrema derecha francés que se proclamó partido “de la derecha nacionalista y conservadora”, creado en 1999 por Bruno Mégret, ex delegado general del Frente Popular, después de la escisión de este partido en 1998.

 

 

Los albañiles (bricklayers and stonemasons) votan también a 27% a favor del FN, de manera constante de 2012 a 2016 (según datos de la ESE). Con respecto a los obreros manufactureros (manufacturing labourers), votaron en 2012 con gran mayoría (60%) a favor del Frente Popular, aunque la tendencia general de 2002 a 2016 de su voto a favor del FN giró en torno a los 25%. Se puede intentar explicar estas preferencias de voto por el FN cuando se mire variables como la tasa de paro, la delincuencia, y el peso de la inmigración. También, el grado de prosperidad de su región es algo importante para los obreros. En las regiones en las que se nota un sentimiento de progreso económica, de una mejora del nivel de vida con respecto a las generaciones anteriores, el voto FN es menos elevado según Jérôme Fourquet, politólogo francés y director de la sección Opinión y Estrategias de Empresas del instituto de encuestas Ifop.[6]

Para confirmar esta tendencia del voto obrero hacia la extrema derecha en 2017, nos hemos basado sobre datos más recientes de IPSOS. Así pues, Marine Le Pen aparece ser la opción preferida entre los obreros: 43% de ellos votaron por el FN en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Francia. El Frente Popular fue sobre representado por los obreros. En la segunda vuelta de las elecciones, los obreros votaron por Marine Le Pen a 56%, un apoyo mayoritario, a pesar de su derrota frente a Emmanuel Macron, actual presidente francés.

 

No obstante, es necesario matizar estos datos que representan solamente a los obreros que votan y no a toda la población obrera, pues no es muy significativo. En efecto, como lo subraya Willy Pelletier, sociólogo político francés, el conjunto de la población obrera que ha votado a favor de FN representa solamente al máximo 7% de los obreros. Añade que “el primer partido de los obreros es la abstención” y que muchos de los obreros no tienen derecho a votar (obreros emigrados de primera generación, los sin papeles, los trabajadores desplazados, …)[7].

Por lo tanto, desde hace más de 30 años, Francia, pero también la mayoría de las grandes democracias occidentales[8] han conocido una mutación importante del voto obrero: antes mucho más favorable a la izquierda, se ha banalizado poco a poco. En Francia, este declive del voto de clase obrero obedece a dos lógicas principales: la imposición de las transformaciones industriales en los ambientes obreros dominados por los comunistas y el peso del balance de la izquierda al poder en los ambientes obreros dominados por los socialistas. Pero el cambio está también visible y apoyado con las nuevas generaciones, las que nunca fueron impregnadas por la cultura de clase empujaba los obreros hacia la izquierda. El Partido comunista es la principal víctima de este desalineamiento electoral: los obreros constituyeron su mayoría electoral (en efecto, después de la Segunda Guerra mundial se declaró “partido de la clase obrera”).

 

Referencias y Notas:

  • [1] http://discours.vie-publique.fr/notices/073000857.html
  • [2] Le Front national et les ouvriers, longue histoire ou basculement? Dominique Andolfatto, Sylvain Crépon, Marion Fontaine, Florent Gougou et Hervé Favre, Fondation Jean Jaurès, 2016.
  • [3] L’extrême droite en Europe : France, Autriche, Italie, Jean-Guy Prévost, Les Editions Fides, 2004.
  • [4] Comprendre les évolutions électorales, La théorie des réalignements revisitée, Pierre Martin, Presses de Sciences Po, 2000. Aquí, la noción de «desalineamiento electoral» se refiere al hecho de que el voto de un grupo social tiende a acercarse poco a poco al voto de la media del electorado mientras que antes fue diferente por mucho tiempo.
  • Dalton y Wattenberg evocan también la tesis del desalineamiento. Russell J. Dalton, Scott C. Flanagan, Paul A. Beck (eds), Electoral Change in Advanced Industrial Democracies. Realignment or Dealignment ?, Princeton, Princeton University Press, 1984 ; Russell J. Dalton, Martin P. Wattenberg, Parties without Partisans. Political Change in Advanced Industrial Democracies, New York, Oxford University Press, 2000.
  • [5] Guy Michelat y Michel Simon construyeron en los años 1960, el modelo de una cultura política obrera en la que el sentimiento de pertenencia al grupo obrero, el rechazo del liberalismo económico, y el republicanismo desembocó en un voto de izquierda y sobre todo comunista. Sin embargo, en los años 1980/1990 ocurrieron mutaciones y rupturas que cambiaron las relaciones entre la clase obrera y la política.
  • [6] Radiografia de los votos obreros, Jérôme Fourquet, Fondation Jean Jaurés, 2017.
  • [7] Radiografia de los votos obreros, Jérôme Fourquet, Fondation Jean Jaurés, 2017.
  • [8] Datos del indice de Alford. Ronald Inglehart, Modernization and Postmodernization, Princeton University Press, 1997.