Pablo Busto.

Imagen recuperada de: http://www.elmundo.es/madrid/2018/04/19/5ad7c71b468aebd7218b4587.html

 

Con la redemocratización del Ayuntamiento de Madrid el PSOE adquirió un papel fundamental. Consiguió mantener la alcaldía hasta 1989, años después de la muerte de Tierno Galván. Desde entonces, los socialistas se han mantenido en la oposición municipal. Sin embargo, las últimas elecciones municipales de 2015 le han asignado un nuevo rol, más relevante de lo que podría parecer; se han convertido en un veto player.

 

Con la mayor fragmentación partidista de los últimos tiempos, han proliferado en España los actores con veto.  Han sido muy notorios los casos de la CUP, vetando la investidura de Artur Más o condicionando los presupuestos; Ciudadanos permitiendo la elección de Cristina Cifuentes; o el propio PSOE estatal con su rechazo y posterior abstención a la investidura de Mariano Rajoy.

En el ayuntamiento de Madrid, el PSOE ya no es el principal partido de oposición a un gobierno de derecha, sino que, siendo formalmente oposición, actúan como soporte del ejecutivo municipal. No sólo fue necesario para la investidura, sino que lo sigue siendo para las tareas de gobierno. Sin el apoyo del Partido Socialista muy difícilmente podría Ahora Madrid aprobar sus propuestas en el Pleno (teniendo en cuenta que PP y Ciudadanos no se suelen prestar a ello).  Sus 9 concejales no le permiten establecer la agenda política, pero es un actor necesario para que cualquier propuesta de Ahora Madrid tenga éxito.  Así, se ha convertido en lo que George Tsebelis denomina un veto player.  Los actores con veto disponen de capacidad para bloquear las decisiones políticas, que por definición buscan alterar el statu quo. Cualquier cambio que se apruebe en Pleno (desde un proyecto urbanístico hasta la elección de una alcaldesa) difícilmente saldrá adelante si con ello se perjudica al PSOE.

La posición de veto, sin embargo, puede no ser especialmente cómoda cuando aparecen ciertas dilemas derivadas de ella (que se acumulan a otras cuestiones que condicionan la posición y estrategia de un actor político). En el caso madrileño, el PSOE comparte con Ahora Madrid una parte importante del programa electoral y de los potenciales votantes, por lo que no puede mostrarse como un actor subordinado a la Junta de Gobierno. Ambos partidos aspiran a representar un grupo de referencia en parte coincidente (los ciudadanos progresistas).  El PSOE busca un equilibrio entre apoyar políticas con las que su grupo de referencia está de acuerdo y diferenciarse de Ahora Madrid, destacando sus debilidades para mejorar su posición respecto al grupo de gobierno. En esta lógica, tiene sentido que el PSOE no quiera asumir los posibles costes que tendría entrar en el gobierno municipal. Ahora, el grupo municipal socialista se beneficia parcialmente del rédito de algunas medidas del equipo de gobierno y, a la vez, del que obtiene de su papel como grupo en la oposición, lo que le permite contener el avance de otros grupos de la oposición con los que también compite por una parte del electorado -especialmente Ciudadanos-. Su posición es compleja y su estrategia se somete a una serie de condicionantes (entre ellos, los que se destacan en la imagen).

¿Cómo se traduce este nuevo papel en medidas concretas? Uno de los casos más representativos es el proyecto de semipeatonalización de la Gran Vía. El PSOE defiende en su programa un “modelo de ciudad sostenible” y, actualmente, está a favor de la reforma de la Gran Vía. No obstante, no dudan en evidenciar lo que consideran como errores del gobierno. Por ejemplo, durante el corte parcial de la Gran Vía la navidad de 2016 criticaron que había sido una medida improvisada, precaria y que la comunicación con los afectados había sido insuficiente.

En cualquier caso, la reforma no afectará especialmente al PSOE, al que no siendo el partido de gobierno no se le puede atribuir la responsabilidad directamente. Los socialistas están en un escenario winwin; se pueden ver beneficiados independientemente de que se lleve a cabo o no y de que tenga mayor o menor éxito. La nueva Gran Vía se hará parcialmente gracias al apoyo del grupo socialista, pero incluso si la reforma fracasa el PSOE podrá reprocharle al Ayuntamiento la dilación de los tiempos e incorporar la propuesta a su programa electoral en las próximas elecciones, tratando de distinguirse como un mejor gestor.

Puede resultar paradójico, pero, con el peor resultado electoral de las últimas décadas, el poder de veto otorga al partido socialista una influencia que no tuvo cuando era el principal partido de la oposición al PP -a pesar de tener muchos más concejales-.  El tiempo dirá si los socialistas se benefician de esta nueva posición o quedan definitivamente relegados por Ahora Madrid.