Pedro Cuervo.

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Democracia Cristiana, a priori una más de las múltiples ideologías que se desarrollaron en el siglo XX; si bien es ir más allá, es concebir la sociedad y la vida pública desde el cristianismo. Sus primeros postulados fueron expuestos en la Encíclica Graves de Communi, publicada en 1901 por el Papa León XIII, y en la que se denominó a la acción social católica como Democracia Cristiana, buscando con ello la difusión social de los principios cristianos y no una simple participación política (Sale, 2001).

La Democracia Cristiana se articulará políticamente a partir de la I Guerra Mundial, especialmente en países de tradición católica (fundamentalmente Italia, Francia, Alemania, Bélgica y Austria). Esta ideología busca el desarrollo social bajo principios cristianos, la paz entre las naciones europeas y el rechazo de extremismos políticos. No obstante, será tras la II Guerra Mundial cuando los democristianos comiencen a acaparar el protagonismo político junto con los socialdemócratas.

Los años 50 alumbraron en Alemania, Francia e Italia grandes partidos democristianos. Éstos ocuparán la centralidad política durante buena parte de la segunda mitad del siglo e incluso algunos de ellos llegan hasta la actualidad, como es el caso de la CDU/CSU alemana. En este proceso de afianzamiento, jugaron un papel clave dos grandes figuras políticas, el francés Robert Schuman y el italiano Alcide de Gasperi, impulsores ambos de la fundación Comunidad Económica del Carbón y el Acero, precursora de la actual UE.

Ideológicamente la democracia cristiana defiende ideas de corte conservador, liberal y socialista; pero siempre desde los valores y principios del humanismo cristiano (Roberts y Hogwood, 2003). Como principales líneas ideológicas pueden destacarse las siguientes:

  • Defensa de los derechos humanos y la libertad del individuo.
  • Oposición al comunismo, al fascismo y a todo extremismo que aliene al individuo.
  • Defensa de los valores cristianos y su adaptabilidad al progreso social siguiendo el orden moral cristiano.
  • Oposición a la violencia como instrumento político.
  • Defensa de la economía social de mercado basada en la solidaridad cristiana: la economía se encuentra al servicio del hombre, y no al revés.

El caso italiano es paradigmático, pues los democristianos desempeñaron un papel central en la política de toda la Prima Reppublica, con la Democracia Cristiana formando parte de todos los gobiernos desde 1944 hasta 1994. Ocuparon el centro a través de una dominación de la escena política italiana: primero en solitario y a partir de 1981 con la ayuda del Partido Socialista, el Partido Liberal, el Partido Republicano y el Partido Socialdemócrata mediante lo que se dio en conocer como el Pentapartito.

La desaparición de la Democracia Cristiana italiana, en 1994, puede llevar a suponer que únicamente en Alemania resta en la actualidad una fuerte presencia democristiana encarnada en la CDU/CSU. Pero realmente la mayor presencia de la democracia cristiana sigue dándose en Italia, donde los partidos más importantes beben de la vieja y muchos de sus líderes son antiguos democristiani (Renzi y Mogherini del PD, el propio Berlusconi en FI y el actual presidente de la República, Sergio Mattarella).

En nuestro país los primeros partidos que pueden considerarse parcialmente democristianos surgen en la II República, donde destaca la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). Éste fue un partido basado en el rechazo a los ideales republicanos, transformándose finalmente en un movimiento antipartido, incapaz de capitalizar sus resultados electorales; y donde, además, la minoría democristiana impulsada por la Asociación Católica Nacional de Propagandistas fue considerada izquierdista (Montero, 1977).

Entre los partidos de ámbito no estatal, el Partido Nacionalista Vasco y la Lliga Regionalista conjugarán la defensa de las posturas católicas con sus postulados nacionalistas, logrando buenos resultados en sus respectivas regiones. No obstante, la radicalidad política y los acontecimientos de la época impidieron un mayor desarrollo democristiano, siendo éstos perseguidos por ambos bandos durante la Guerra Civil, llegando a caer en la irrelevancia.

Será con el desarrollismo y el aperturismo de los años 50, y especialmente tras la firma del Concordato de 1953 con la Santa Sede, cuando la corriente democristiana resurja, dividiéndose en pro régimen, agrupados en torno a la ACNdeP, y en opositores al régimen. En los 60 comenzó a perfilarse esta división de corrientes: una de derechas en torno a prohombres del régimen y figuras como Martín-Artajo o Herrera Oria; y otra de  centro-izquierda/nacionalista opositora, que creará el Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español, liderado por Joaquín Ruiz-Giménez y José María Gil-Robles.

A pesar de estas divergencias ideológicas, la democracia cristiana era considerada fundamental en una futura democracia. Siguiendo las palabras de  Juan José Linz (1974), “inevitablemente, cualquier sistema de partidos en España girará en torno a dos tendencias dominantes, el socialismo y la democracia cristiana, aun cuando es difícil decidir los nombres que adoptará o que grado tendrá de unidad o cohesión”.

Los años 70 serán clave para democracia cristiana en España, cuando se impulsa una reforma no rupturista del régimen. Estas intenciones se plasmaron en el llamado  “Grupo Tácito”, integrado por figuras del régimen como Osorio, Oreja, Álvarez de Miranda, López Rodó, Otero Novas o Lavilla. Tras la aprobación de la Ley para la Reforma Política, este grupo de propagandistas se disolvería, integrándose los más conservadores en Alianza Popular y los más progresistas en la Unión de Centro Democrático.

En las elecciones de 1977 los democristianos concurrirán separadamente, obteniendo pobres resultados a nivel nacional: la Federación de la Democracia Cristiana de Ruiz-Giménez y Gil Robles (1,37%/0 diputados); y relativos triunfos regionales del PNV (1,62%/8 diputados) y la Unió del Centre (0,94%/2 diputados), produciéndose así el mayor fracaso ideológico de la transición española. Rodríguez Buznego (1996) considera como claves del fracaso las siguientes:

  • La desunión electoral de los democristianos y los errores programáticos de sus partidos.
  • La falta de apoyo por parte de la Iglesia y la asociación de ésta con el régimen de Franco.

La llegada al poder del PSOE en 1982 supone la pérdida de la representación parlamentaria de los democristianos integrantes de la UCD. Así, algunos antiguos diputados decidieron fundar el poco exitoso Partido Demócrata Popular que acabaría integrándose en el Partido Popular, tras la refundación de AP en 1989. El nuevo partido incluirá en su ideario muchos de los postulados democristianos. Buena prueba de ello es su adscripción a la Unión Demócrata Internacional y su acercamiento a la familia democristiana europea.

Su adscripción al Partido Popular Europeo en 1991 conllevará airadas protestas de los partidos miembros españoles, el PNV y la Unió Democrática de Catalunya, llegando incluso el PNV a abandonar el PPE en 1999, lo que le valió su posterior expulsión de la Internacional Demócrata de Centro en 2000. El PPE, por su parte, ha ido abandonando también los postulados democristianos. De usar eslóganes como “La democracia cristiana en los años 80; asegurar la libertad y paz para completar Europa” en 1980, ha pasado a ocultar el término en el nombre del grupo parlamentario.

Actualmente los dos únicos partidos de corte democristiano se adscriben a nivel europeo a dos familias ideológicamente distintas: el PP al PPE como único miembro español tras la desaparición de UDC; y el PNV al Partido Demócrata Europeo. Resulta llamativa la falta de postulados democristianos del PP a nivel nacional y del PPE a nivel comunitario, dándose una curiosa paradoja: el partido español históricamente democristiano no está dentro de la exigua familia democristiana europea.

El PP de los 90 integra diversas familias ideológicas, pero sin gozar éstas de la autonomía que se daba en la UCD, lo que implicará menos divergencias internas. Los democristianos participarán en los gobiernos de Aznar, especialmente en el primer gobierno, destacando los ministros Jaime Mayor Oreja, Javier Arenas, Jesús Posada, Manuel Pimentel y Juan Carlos Aparicio y Rafael Arias-Salgado. Los posteriores gobiernos del PSOE y, sobre todo, la travesía en el desierto del PP hasta su vuelta al poder en 2011, tendrán consecuencias nefastas para la democracia cristiana española.

La irrupción en el último lustro de nuevos partidos no incluye una propuesta de corte democristiano, siguiendo la mayoría de los democristianos apoyando al PP, a pesar de la ausencia de sus postulados en el ideario de éste. Puede plantearse que los sectores confesionalmente más militantes del partido se han unido a Vox, si bien éstos no reflejan el perfil del votante democristiano. Asimismo, el nacionalismo ha relegado los postulados democristianos a la mínima expresión, caso del PNV, o bien los ha liquidado, caso de UDC.

La historia y la situación actual nos llevan a concluir que los democratacristianos en España nunca han estado unidos en torno a un mismo partido, lo que en buena medida ha impedido la existencia de un partido democristiano capaz de capitalizar la base electoral existente para institucionalizarse a semejanza de sus pares europeos. Pues a pesar de ser un país de afianzada cultura y costumbres católicas, cuya sociedad se declara mayoritariamente de dicha confesión, los democristianos han acabado por desaparecer y su retorno se prevé harto complicado.

Actualmente las posibilidades del retorno de los democratacristianos pasa por una refundación ideológica del PP o el aglutinamiento de sus bases electorales en nuevas plataformas como Avanza o Qveremos. Refundación o plataforma mediante, los democratacristianos deben volver a los orígenes ideológicos y programáticos, buscando aglutinar ese centro político cada vez más huérfano en lo que a partido respecta.

Bibliografía:

Capperucci, V. (2010). Il partito dei cattolici. Dall’Italia degasperiana alle correnti democristiane. Soveria Mannelli: Rubbettino.

Jones, E. y Pasquino, G. (Eds.) (2015). The Oxford Handbook of Italian Politics. Oxford: Oxford University Press.

Linz, J.J. (1974). El sistema de partidos en España. Madrid: Narcea.

Montero, J.R. (1977). La CEDA, un partido confesional. En, La CEDA: El catolicismo social y político en la II República (pp. 91-107). Madrid: Ediciones de la Revista de Trabajo, 1977.

Pando Ballesteros, M.P. (2005). Los democristianos y el proyecto político de “Cuadernos para el Diálogo, 1963-1969”.Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.

Persico, A.A (2014). Il codice di Camaldoli. La DC e la ricerca della «terza via» tra Stato e mercato (1943-1993). Milán: Guerini E Associati Libri

Roberts, G. y Hogwood, P. (2003). European Politics Today. Manchester: Manchester University Press.

Rodriguez Buznego, O. (1996). Una explicación de la Ausencia de la Democracia Cristiana en España. Documentos de Trabajo de la Universidad de Oviedo, 102.

Sale, G. (2001). La civiltà Cattolica nella crisi modernista (1900-1907) fra intransigentismo politico e integralismo dottrinale. Milán: Jaca Book.

San Miguel, E. (2006). El siglo de la democracia cristiana. Madrid: Dykinson.

Kaiser, W. (2011). Christian Democracy and the Origins of European Union. Cambridge: Cambridge University Press.

Kalyvas, S. (1996). The Rise of Christian Democracy in Europe. Nueva York: Cornell University Press.