Carlos Jiménez Cid.

 

La irrupción de la llamada “nueva política” en España ha generado la sensación de que realmente existen nuevas formas de comunicación entre partidos y electores. Las formaciones emergentes, especialmente Podemos, han generado nuevos espacios para la discusión política, la cual se canaliza a través de redes sociales o se hace de forma directa en los “círculos”.

Con anterioridad a Podemos, el movimiento 15-M ya había puesto varios de estos temas encima de la mesa. Su principal reivindicación: el reclamo de una “democracia real”, el cual pudo servir para hacer llegar a los ciudadanos la visión de que la democracia no es sólo elegir a nuestros representantes cada cuatro años sino que existan muchas otras formas de participación política: las manifestaciones, la organización en asambleas o la discusión política, que forman también parte de la expresión ciudadana y colaboran en el desarrollo de una democracia sana.

Por tanto, este artículo pretende describir la evolución de distintas formas de participación política tras la irrupción de las nuevas formaciones al escenario político. Para ello, y con la utilización de los estudios postelectorales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2015 y 2011, mediremos hasta qué punto las formas de participar en política de los ciudadanos han cambiado. Con el objetivo, además, de profundizar en el análisis y observar si esta evolución es distinta entre grupos de edad, se ha divido a los electores en tres categorías: jóvenes (de 18 a 35 años), adultos (de 35 a 65 años) y mayores (de 65 años en adelante).

 

De este primer gráfico se desprende que la asistencia a manifestaciones fue, en todos los grupos de edad, mayor en 2015 que en 2011. Concretamente la subida global es de un 6 por ciento, cuyo grueso se encuentra entre aquellos ciudadanos que dicen haber participado en bastantes ocasiones en una manifestación autorizada.

 

Por su parte, el Gráfico 2 analiza el consumo político definido, entre otros,  por Iván Benavente, como la compra intencionada de unos determinados productos por motivos políticos o, por el contrario, el boicot a ciertos productos por los mismos motivos. En este caso, sin embargo, los datos muestran que apenas hay variaciones entre 2011 y 2015. De hecho,  tan sólo se observa una subida del 1 por ciento en jóvenes que dicen realizar dicho consumo político en bastantes ocasiones respecto a 2011. Además, en el caso de los adultos, a pesar de una bajada del 1 por ciento en la misma categoría, se produce a su vez un aumento del 2 por ciento entre aquellos que en alguna ocasión han realizado tal acción política.

 

 

El Gráfico 3, muestra un incremento general del 7 por ciento en el número de personas que como mínimo han participado en alguna ocasión en una huelga respecto de 2011. En concreto llama la atención la columna de los jóvenes, los cuáles se han mostrado bastante más activos a este respecto subiendo un total de 4 puntos porcentuales, 2 de ellos haciendo referencia a aquellos que concurren en bastantes ocasiones a una huelga. Algo parecido ocurre con el grupo de las personas mayores, que experimenta una primera subida del 3 por ciento para aquellos que han participado en alguna ocasión en una huelga y una segunda subida del 1 por ciento para aquellos que participan en bastantes ocasiones.

 

Por último, en el Gráfico 4 se puede observar un incremento del 1 por ciento para 2015 tanto de jóvenes como de adultos que en bastantes ocasiones dicen haber participado en un foro o grupo de discusión política en internet.

¿Qué conclusiones podemos sacar?

La primera y más clara de todas es que se ha producido a nivel general un aumento en la participación política por parte de los ciudadanos, algo que se le podría atribuir a esta “nueva forma de hacer y atender la política”. La segunda, y en relación con la anterior, hace referencia al aumento de jóvenes que dicen haber participado en bastantes ocasiones en todas y cada una de las distintas formas de participación propuestas. Sin duda se trata de un dato que ilustra a la perfección las transformaciones en los usos de participación política: los jóvenes, como mínimo, han participado al menos una vez en su vida en una huelga, además, al igual que los adultos, son proclives a participar en foros políticos en la red.

Todo ello nos invita a suponer que vivimos bajo una cierta democracia de audiencias. Las fórmulas convencionales de hacer y participar en política han cambiado. Lo mismo ha ocurrido con los partidos, que deben responder a las nuevas necesidades de unos electores cada vez más exigentes. Con todo, estos cambios no son ni blancos ni negros, sino que pueden ser considerados como grises: al mismo tiempo que acercan la política a los ciudadanos hacen que los representantes, al hablar en nombre del pueblo, diluyan parte de sus responsabilidades.

Tan sólo nos queda esperar que estas nuevas formas de participación política mantengan una escala ascendente y estemos ante el florecimiento de una democracia más sana y próspera.