Jesús Dextre Ramírez.

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Parece una evidencia afirmar que la influencia de los medios en la participación electoral es sustantiva. No en vano se ha hiperbolizado tantas veces su naturaleza, no en vano es, muchas veces, el “Cuarto Poder” del Estado. Y esto es algo que comprobamos a diario al trasladar los debates a la vida cotidiana, contrastando informaciones de los diversos medios y, más acertada o no, dando una opinión del acontecer político, económico, o del tema de moda. Sin embargo, lo que nos compete ahora es su influencia en la movilización del voto. Cabe cuestionar aquí si son directamente los medios los que nos influyen, o el filtro individual de la información a través de nuestros prejuicios, quienes compartiendo opiniones podemos (y nos podrán) llevar a tomar una decisión.

Katz y Lazarsfeld [1]distinguen 2 tipos de medios masivos que las redefiniremos: “información neutral” e “opinión sesgada”. Se nos hace fácil establecer esa línea divisoria al entender que hay medios que solo tienen una función informativa desde la mayor objetividad posible y otra que puede llegar a “minar la democracia”. Para nuestro estudio, hay que entender de este punto que somos los propios votantes quienes filtramos lo más acertado y que somos los que elegimos como “cierto” algo, dentro del espectro de información. Sea como fuese, parece evidente que los medios tienen una influencia, pero no son para nada el factor decisivo.

Como ya se ha mencionado, el presente texto tiene como objeto analizar la influencia del consumo de medios informativos en la movilización del voto. Sin embargo también queremos ver en que proporción se consume más cuando hay un acontecimiento político de trascendencia para un país. Para ello emplearemos la Encuesta Social Europea que nos permite medir el uso de medios televisivos en relación a la política o temas de relevancia en cuestión de tiempo empleado en la semana; que cruzaremos con la propensión a ejercer el voto en las últimas elecciones nacionales. Para este propósito hemos elegido España, y los años 2004 y 2016. Hemos realizado este elección de años ya que consideramos que es el 2004 el año con mayor trascendencia en los medios y en la opinión pública, de una decisión meramente política del por entonces presidente Jose María Aznar, quien apoya directamente la invasión de Irak con ayuda militar. En contraparte, 2014 creemos que es un año con muy poca convulsión mediatica y puede ejercer de contrapunto respecto al consumo de medios en un contexto totalmente distinto. Hay que señalar también la relevancia del uso de medio alternativos en la movilización del voto. Este estudio esta únicamente enfocado en los medios televisivos.

Para agilizar el entendimiento del análisis, recodificaremos la variable del uso del medio  a la semana  en: Poco o nunca, medianamente y bastante; ya que en la encuesta se nos brinda por horas y minutos empleados. Definiremos como “Poco o Nunca” el rango entre el nulo tiempo empleado y 1 hora, “Medianamente” el rango entre 1 hora hasta 2 horas y media y, finalmente, “Bastante” que comprende desde las 2 horas hasta saciarse de información.

 

De la tabla podemos observar que, sorprendentemente a lo que se podría creer, quienes menos votan son los que mas información consumen. Podemos conceptualizar, a raíz de los resultado, a un ciudadano español medio, con acceso a la información de manera muy limitada. Es muchísima la gente que consume poco o nulo (1225 de 1503 de los encuestados). El votante español, por lo tanto, suele estar desinformado. Sin embargo, es el votante que consume de manera regular información, quien esta más movilizado al voto.

Cabe destacar que éstos son años en donde el uso de la informática, como medio de información alternativo, todavía no esta tan extendido como a día de hoy y por ende el uso del medio televisivo, y su influencia, puede ser incluso mayor.

 

Son reveladores los datos de esta tabla en comparativa directa con la del 2004. Hay un trasvase del electorado a un mayor uso del medio. El votante español ahora se sitúa más en la línea de consumo

regular. Como consecuencia lógica de este traslado, ahora los que consumen menos TV son quienes menos votan. Es curioso este punto, ya que respecto a la encuesta anterior, el uso de medios electrónicos alternativos de información son una constante en la sociedad y, a pesar de ello, no ha desplazado a los electores que ven tv a dejar de verla cada vez menos.

Respecto a la movilización del voto, podemos observar que la influencia ha ido en aumento y ahora son más lo que votan informados. Hay que destacar que mientras menos se usa el medio, menos se vota, es decir, el mayor porcentaje de electores que son menos propensos a votar se sitúan en “Poco o nulo” uso del medio televisivo.

En definitiva, los 2 cuadros acotan cosas distintas. Sin embargo, podemos sacar 2 conclusiones claras: los votantes que hacen un consumo medio de la TV, tienden a movilizarse al voto casi siempre y la medía del uso, aparentemente guarda relación con la movilización al voto ya que si observamos el porcentaje total, en el año 2004 se realiza una movilización 2% mayor al del 2014. Pero ¿Es esto realmente significativo? A partir de los resultados obtenidos, inferimos que la media de otros años posibles a analizar va a estar en torno a un rango estimado de media total: 80 a 83%. Cabe destacar  que el 2004 es un año de menos consumo que el del 2014. Entonces ¿los hechos políticos de mayor trascendencia determinan nuestra manera de ver la tv? No ¿nos movilizan? Tampoco.

El alcance de este trabajo se limita a esos 2 años que nos sirven como ejemplo para poder teorizar sobre la determinación del uso de la TV en relación a hechos políticos trascendentes y si esto nos moviliza o no. Las conclusiones que hemos podido observar son simples: no se consume más en etapas de convulsión política y mucho menos el tiempo de uso moviliza al electorado. No hay que desechar tampoco el posible y futuro análisis de otros medios de información como son la radio, el internet o la prensa escrita; que bien podrían ser objeto de otro estudio.

 

Referencias: