Carlos Barba Ruano.

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Uno de los mantras escuchados últimamente, tanto en los medios de comunicación, como a nivel de la calle, hace referencia a la desconfianza de los ciudadanos españoles en nuestra clase política. A través de este post me propongo, en primer lugar, confirmar que efectivamente esta sensación es real y el índice de desconfianza de los ciudadanos españoles en sus políticos es superior al de nuestros vecinos europeos; y en segundo lugar, ver si esta situación juega algún papel decisivo en la participación electoral de los ciudadanos, observando si esa desconfianza influye de manera relevante aumentando la abstención a la hora de acudir a las urnas.
Los datos empleados para este estudio corresponden a la Encuesta Social Europea, concretamente a la del año 2014, ya que es la más reciente sin contar con la de 2016, en la cual no he encontrado datos relativos a nuestro país. Para una comprensión más fácil he recodificado los resultados de esta encuesta relativos a la pregunta sobre la confianza en los políticos, agrupando a aquellas personas que, en una escala de 1 a 10 (siendo 1 total desconfianza y 10, total confianza) se autoubicaban entre el 1 y el 4, como personas que no confían en sus políticos; mientras que aquellas personas que se sitúan entre el 5 y el 10, como personas que sí confían en sus representantes políticos.

En esta tabla podemos observar como el 80% de los encuestados españoles no confían en sus representantes políticos. Incontestablemente es un índice bastante alto, teniendo en cuenta que en el conjunto global de la encuesta son sólo un 60,8% los que manifiestan esta desconfianza, y que sólo nos vemos superados por Polonia (84,9%), Portugal (82,1%) y Eslovenia (88,5%).

Por lo tanto, podemos afirmar nuestras sospechas de que el nivel de desconfianza de los ciudadanos españoles en sus políticos es alto, especialmente dentro del contexto europeo.

En relación a la segunda pregunta que nos planteábamos al inicio, hemos medido la
participación electoral como aquellas personas que votaron en las últimas elecciones
nacionales de su país. Sin tener en cuenta los motivos que llevaron a no votar a aquellos
que no lo hicieron.

La primera sensación que podemos tener al ver los datos referentes a España es que la hipótesis de a mayor desconfianza en nuestros políticos, menos participación electoral no se cumple, puesto que mientras que nuestro país se situaba muy por encima de la media del conjunto de encuestados en cuanto a desconfianza en los políticos; también se encuentra por encima e cuanto a participación electoral (70,4%) respecto al resultado global de la encuesta (67,5%).

Sin embargo, según vamos analizando los resultados en otros países, vamos encontrándonos con posibles interpretaciones diferentes. Es cierto que en algunos países como Bélgica, Dinamarca, Israel, Noruega y Suecia donde la participación es mayor que en España, la desconfianza en los políticos es menor, aunque dista mucho entre ambos. Mientras que en los países nórdicos (Noruega, Suecia y Dinamarca) la confianza en sus representantes es muy alta (69,1%, 63,8% y 58,2%, respectivamente, de sus encuestados manifiestan confiar en sus políticos), Israel muestra un grado de confianza mucho menor (solo 31,5% confían). También es cierto que en los países que superaban a España con mayor grado de desconfianza (Portugal, Polonia y Eslovenia) muestran índices de participación inferiores a los españoles (entre 60% y 65% los tres), pero no parece algo tan determinante como lo que expongo a continuación.

Y es que, a la luz de los datos, son más aquellos países donde parece quebrar la hipótesis planteada. República Checa, Estonia, Reino Unido, Hungría, Irlanda y Lituania son países donde la confianza en los políticos es mayor que en España, aunque con diferencias obvias entre ellos; y que sin embargo, no muestran una participación electoral mayor que en nuestro país. Por otro lado, Austria y Alemania, que también cuentan con grados de confianza en sus líderes políticos claramente superiores a los nuestros, muestran luego una participación superior, pero poco relevante (71,4% en Austria y 73,1% en Alemania, frente al 70,4% en España). Por último, y avanzando también en esta línea desestimatoria de nuestra hipótesis inicial, son dignos de mencionar los casos de Suiza, Francia y Países Bajos. En cuanto al país galo, observamos que mientras que no está lejos del nivel de desconfianza de nuestro país (77,1%), sí muestra una notable menor participación electoral con apenas un 56,9% de personas que acudieron a votar. Por su parte, Suiza y Holanda muestran unos niveles bastante más altos de confianza (69,2% y 65,1%, respectivamente, de personas que confían en sus políticos); que luego se traducen en resultados totalmente dispares en cuanto a participación electoral, habiendo votado en la últimas elecciones un 51,1% de los encuestados suizos frente a un 70,5% de los holandeses.

En definitiva, la variedad de resultados, contrastados con los datos expuestos, nos conducen inevitablemente a rechazar la idea de una relación directa entre la variable de confianza en los políticos y la variable de la participación electoral. Sin embargo, aunque de manera bastante precaria, podemos advertir algunas curiosidades que nos permiten hacernos otras preguntas relacionadas con estas variables que no he podido dar respuesta en este trabajo. Una de ellas sería estudiar el factor geográfico y social. Podemos ver como países cercanos y con sociedades parecidas entre sí muestran valores similares. Los países nórdicos tienen todos una participación electoral superior al 70% y un número de ciudadanos que desconfían de sus políticos inferior al 50%. España y Portugal muestran unos altos niveles de desconfianza hacia sus representantes (superiores al 80%), pero no muestran bajos niveles de participación (ambos por encima del 65%). República Checa, Hungría y Eslovenia, por un lado; y Lituania y Estonia (bálticos), por otro, también logran unos parámetros similares entre sí. Pero como decía, sería interesante abordarlo en futuras investigaciones.