Pilar Gallardo Abril.

 #Voto

#Nacionalismo

#ComportamientoPolítico

Entre tanto revuelo con el tema de Cataluña y su independentismo, somos portada en casi todos los medios nacionales e internacionales, y a la vez creo que todo el mundo busca alguna explicación que nos lleve a entender que está pasando en la realidad española: un por qué, un por quién, y un por qué ahora.

Para responder a nuestras preguntas, es preciso entender qué es un clivaje. A pesar de que, para muchos autores hablar de clivaje se ha quedado anticuado, este puede seguir explicando muchas cosas. Cuando hablamos de clivaje hablamos de aquel conflicto de origen histórico que divide a los ciudadanos en grupos sociales con intereses contrapuestos y los alinea con los partidos políticos (Lipset).

Su característica fundamental es la estabilidad, incluso puede llegar a decirse que están congelados.

Y llegados a este punto, podemos decir que los clivajes pueden ser: buttom-up (de abajo hacia arriba), es decir, es la sociedad la que maneja el clivaje y esas divisiones existían antes de que aparecieran los políticos para movilizar esos intereses en conflicto; o, por el contrario, que el clivaje sea top down (de arriba hacia abajo), y por tanto que sean esas élites políticas las que dirijan a la sociedad el mensaje. Esto se debe a que los partidos políticos contribuyen a dar significado a los conflictos y puede hacerse de varias formas, como, por ejemplo, dando más valor a temas que incidan en el conflicto y en la división social en la legislatura del partido e incluso en su campaña electoral.

Aquí lo que intentaremos demostrar es que el proceso independentista catalán ha sido llevado a cabo por las élites políticas, no por la sociedad. Luego, los ciudadanos independentistas catalanes han sido movidos por sus élites.

Ya lo dijo en su día Przewsrkski Sprague, que para que las identidades tengan importancia en política, deben ser activadas, y que esto se hacía apelando a esa identidad. En Cataluña, los partidos políticos han activado esta dimensión de identidad nacional.

Es en esta teoría en la que se basa Fernández Albertos en su estudio “Votar en dos dimensiones. El peso del nacionalismo y la ideología en el comportamiento electoral vasco”, donde el autor concluye que la competición en el País Vasco se estructura en torno a dos dimensiones: nacionalismo e ideología, y que a pesar de que la ideología tenía más peso a la hora de votar, la dimensión nacionalista ha ido aumentando. A esto unimos que, aunque el peso que los votantes otorgan a cada dimensión es mutable, los partidos pueden intentar alterar estos pesos con el objetivo de aumentar su número de votos a través de estrategias herestéticas (Riker). Finalmente, esta estrategia sirvió al PNV (Partido Nacionalista Vasco) para ganar las elecciones de 1998.

Por tanto, si en País Vasco se ha dado esta situación, perfectamente podemos extrapolar esta teoría al asunto catalán, diciendo que los partidos políticos nacionalistas catalanes, y en concreto, CiU (Convergencia i Unió), ERC y CUP, han dado más peso a la dimensión nacionalista, y esto les ha llevado a ganar las elecciones.

Tenemos que tener en cuenta, que los datos que disponemos son hasta 2014, cuando todavía en el panorama catalán no se había disuelto CiU, que luego en 2015 lo haría y todavía no se había fundado el PDeCat (Partido Demócrata Europeo Catalán), ya que lo hizo en 2016, cuyo líder en este mismo momento es Carles Puigdemont, quien ha dirigido el proceso.

Para corroborar con datos esta afirmación, usaremos los datos de la Encuesta Social Europea en diferentes años. Entre las variables que tendremos en cuenta, estarán el “voto en las últimas elecciones”, como variable dependiente y “primera lengua hablada en casa” como variable independiente. En nuestro caso, para medir el nacionalismo, utilizaremos la variable “lengua” como indicador del nacionalismo, ya que no existe en la Encuesta una variable que sea “nacionalismo” en sí. Suponiendo así, que quien hable catalán en vez de castellano en su casa, tiene más probabilidad de ser nacionalista, que quien habla como primera lengua español.

Esta afirmación se corresponde con la que hizo Josep Borrell, ex presidente de parlamento europeo al decir que “el 75% de las personas cuya lengua materna es el catalán apoyan el Sí y el 75% de las personas con otras lenguas como su lengua materna están en contra de la independencia”. Y ahora veremos si es cierto:

 

En las tablas, podemos ver una relación inversamente proporcional, mientras que los votantes de partidos nacionalistas (CiU y ERC), tras el paso de seis años, hablan más el catalán como primera lengua en sus casas, a su vez, los electores de partidos que no son nacionalistas (PP y PSOE), hablan en menor medida catalán.

En otras palabras, parece ser que ha aumentado el hablar catalán en los hogares como primera lengua en aquellos votantes de partidos nacionalistas.

Podemos deducir de ello, que en 2008 quizá, hablar catalán no implicaba tanta diferencia en el voto, como en el 2014, y a pesar de que la lengua es un factor estable en el tiempo, en este caso vemos que es mutable y que se da un aumento del catalán, por tanto, serán las élites las que dirigen este movimiento, un movimiento top down, desde arriba hacia la sociedad.

Queda demostrado, que cada vez más la lengua está relacionada con el voto, porque este es uno de los objetivos de las élites catalanas, dándole más importancia al eje nacionalista sobre otros.

Las diferencias entre hablar catalán y hablar castellano como primera lengua, se han polarizado, se han extremado. Además, debemos considerar que Puigdemont (al mando del proceso independentista) todavía no estaba al frente de la Generalitat, y que el proceso independentista que hemos vivido los españoles estos días, todavía no había comenzado con los datos que hemos estudiado en las tablas, pero tenemos evidencias para creer que ya estando dentro de este proceso se ha podido polarizar aún más esta situación.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Lipset, S. M., & Rokkan, S. (1967). Cleavage structures, party systems, and voter alignments: an introduction.
  • Albertos, J. F. (2002). Votar en dos dimensiones: el precio del nacionalismo y la ideología en el comportamiento electoral vasco, 1993-2001. Revista Española de Ciencia Política, (6), 153-181.