Carlos Andrade Gómez.

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Introducción

El voto se encuentra entre las principales herramientas de participación política, siendo una de las más poderosas e influyentes, pues a través del voto designamos a los partidos políticos (y a los políticos) que queremos que nos representen en los diversos cargos políticos públicos. Por tanto, parece razonable, a priori, pensar que los ciudadanos necesiten tener una cierta confianza en dichos partidos políticos a los que van a votar y a quienes van a entregar el poder de representarles en las instituciones y en los cargos de poder. Sin embargo, como analizaremos a continuación, en España en los últimos años han descendido enormemente los niveles de confianza en los partidos políticos, mientras que los niveles de participación electoral se mantienen estables, lo que contradice totalmente nuestra hipótesis inicial. ¿Significa esto que los niveles de confianza no influyen apenas en los de participación electoral? ¿Cómo puede ser eso posible?

 

La confianza y el voto

En España, a lo largo de 2011, y a raíz del movimiento 15M, entraron en debate una gran multitud de temas políticos, sociales y culturales, pasando las cuestiones públicas a ser una parte muy importante de la vida de los ciudadanos. Así mismo, se produjo un alza en el nivel de protestas en España, debido a factores como los nuevos actores políticos, los malos indicadores macroeconómicos, o temas como el nacionalismo, el terrorismo o la corrupción (Calvo García Marín, 2016). Como es de imaginar, esta situación de crispación y descontento con las élites políticas dirigentes, fue repercutiendo en los ciudadanos y en su valoración de las instituciones, los partidos, y los políticos en su conjunto.

Esta afirmación es acorde con lo que demuestran los datos de la Encuesta Social Europea (en adelante ESS, de acuerdo con sus siglas en inglés). Son diversas las variables que nos ofrece la ESS acerca de la confianza de los ciudadanos en las instituciones políticas (partidos, parlamento, políticos, etc.), y en este caso se ha escogido la variable “Confianza en los partidos políticos”, por considerarla la más representativa para nuestro estudio. Dicha variable, en principio, se encuentra dividida en una escala del 0 al 10, significando el 0 que no se tiene ninguna confianza en los partidos políticos, y el 10 que la confianza es absoluta. A fin de simplificar la representación y el estudio, se ha recodificado la variable, de forma que el 0 pasa a significar “Nada de confianza”, las puntuaciones del 1- 3 “Muy poca confianza”, del 4 – 6 “Confianza media”, del 7-9 “Mucha confianza”, y el 10 “Total confianza”.

Por consiguiente, se han comparado los años 2008 y 2014, a fin de recoger ese período de despertar del malestar social y político, y analizar el impacto que pudo tener en la confianza de los ciudadanos en los partidos políticos.

Como observamos, resulta impactante el grave deterioro que ha tenido lugar en la confianza de los ciudadanos en los partidos políticos. El porcentaje de ciudadanos que se encuentran en los niveles de confianza media y de mucha confianza se ha visto reducido muy drásticamente, reflejándose todo ello en un muy radical aumento del porcentaje de ciudadanos que declaran que no tienen nada de confianza en los partidos políticos (recordemos, que esta variable es igual a un 0 en la ESS), pasando de un 17,9% a un 33,7%, lo que supone prácticamente el doble. Y si sumamos el porcentaje de ciudadanos cuya confianza es nula, con aquellos que tienen muy poca confianza, abarcamos a un 71,9% de la población, porcentaje realmente elevado.

Una vez contrastado el llamativo deterioro de la confianza de los ciudadanos en los partidos políticos, debemos analizar los niveles de participación electoral y observar si estos se han visto afectados de igual manera, pues sería razonable pensar que cada vez existe menos interés en votar a partidos políticos en los que no se confía en absoluto. Esta hipótesis inicial se ve reforzada, además, si tenemos en cuenta los costes que supone votar, sobre todo en términos de encontrarse informado a la hora de participar en los procedimientos electorales (Downs, 1957).

Por ello, veremos a continuación una comparativa de los niveles de participación electoral en elecciones nacionales, entre dichos años, es decir, 2008 y 2014, basándonos nuevamente en datos de la ESS (cabe mencionar que no nos encontramos ante los datos de participación electoral oficiales del Estado, sino a los obtenidos a través de la ESS con la variable “Votó en las últimas elecciones nacionales”).

Resulta fácilmente apreciable que, mientras la confianza ha decaido enormemente, la participación electoral permanece relativamente estable, alrededor del 70% ( el descenso de 1,2% entre 2012 y 2014 se considera anecdótico).

No son pocas las cuestiones que surgen al constatar este hecho, pues resulta enormemente llamativo el hecho de que un 71,9% de los ciudadanos confiesen que su confianza en los partidos politicos es nula, o muy poco, y sin embargo, su asistencia a las urnas cada turno electoral sea prácticamente la misma, o al menos muy parecida.

Puede que esta conclusión resulte chocante con la idea que teníamos inicialmente, sin embargo contamos con una base literaria que puede ayudarnos a aportar una de las diversas explicaciones que tiene este fenómeno.

En primer lugar, es afirmable que los costes que supone votar no suelen evitar que los ciudadanos continuen involucrandose en política ; los niveles de participacion electoral se mantienen elevados a pesar de los costes de acudir a votar (De La Calle, Martínez y Orriols, 2010).

Por lo tanto, es posible que votar sin confianza no resulte tan problemático, simplemente porque tal y como apoyan diversos autores, el coste de votar no es muy grande , mientras que si lo es el de estar adecuada y constantemente informados (North, 1971).

Finalmente , una de las respuestas mas razonadas y convincentes a la cuestión que nos atañe, parece residir en que la participación electoral se trata de un procedimiento low-cost, low-benefit; es decir, que en las votaciones, los ciudadanos invierten muy poco, y sus expectativas son igualmente muy bajas (Aldrich, 1993).

 

Conclusión

En conclusión, aunque inicialmente nos pareciera contradictorio que los votantes continuen acudiendo a las urnas año tras año, a votar a partidos políticos en los que no confían, son diversas las explicaciones que podemos encontrar a este hecho.

Apuntando así a que los votantes no confieren al voto una importancia tan elevada como hemos podido suponer, siendo esta más bien reducida, tanto en una etapa previa , más referente a los costes y dificultades que el voto conlleva, como en una etapa posterior, referente a las esperanzas e ilusiones que depositamos en las urnas. De esta forma, parece que el voto ha dejado de ser tanto una decisión, para asemejarse más a un hábito (San Miguel, 2011).

 

Bibliografía

  • Aldrich, J.H. (1993). “Rational choice and turnout”: American Journal of Political Science, Vol. 37 (nº 1), pp. 246-278.
  • Calvo, Kerman y Garcíamarín, Hugo. (2016) “¿Qué ha pasado con la movilización social? Continuidad y cambios en la protesta social en España” Zoom Político (Laboratorio de alternativas), pp. 2-11.
  • De la Calle, L., Martínez, Á., & Orriols, L. (2010). Voting without ideology. Evidence from Spain (1979-2008). Revista Espa ola de Investigaciones Sociológicas (REIS), 129(1), p. 110.
  • Downs, Anthony (1957): An economic theory of democracy. New York: Harper & Row. P. 240
  • North, D. C. (1971). Institutional change and economic growth. The Journal of Economic History, 31(1), 118-125.
  • San Miguel, J. (2011). Politikon. Recuperado en: https://politikon.es/2011/03/17/por-que-demonios-votamos/
  • Sitio Web Oficial de la Encuesta Social Europea. http://www.europeansocialsurvey.org/