Estefanía Lawrance Crespo.

#Inmigración

#Euroescepticismo

 

El clima europeo está cada vez más desestabilizado. Sucesos como el Brexit, la Crisis migratoria de los Refugiados, las continuas tensiones con Rusia solo son algunos ejemplos de los controvertidos hechos que se han desarrollado desde las últimas elecciones europeas. El futuro de esta organización supranacional está en el punto de mira debido al continuo auge de uno de sus mayores enemigos: los partidos euroescépticos.

El euroescepticismo ha superado la brecha ideológica y tanto la izquierda como la derecha han llegado a definirse tras esta etiqueta.  Sin embargo, de manera genérica, la izquierda ha desarrollado más su tradición histórica internacionalista, mientras que la derecha ha solido acotarse a versiones nacionalistas (Aguilera de Prat; 2008: 29). Situándonos en el tiempo tras las últimas elecciones al Parlamento Europeo en  el 2014 se observó un refuerzo de los partidos de corte ultra nacionalista y euroescépticos en el Parlamento. Eurodiputados de partidos como JOBBIK (Movimiento por una Hungría Mejor), UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido), AfD (Alternativa por Alemania), FPÖ (Partido por la Libertad de Austria), FN (Frente Nacional) en Francia y el PVV (Partido por la Libertad) en los Países Bajos mantienen en el Parlamento Europeo un continuo debate sobre los límites del poder de la UE en sus naciones.

El auge político y social del euroescepticismo, queda así relacionado con factores tales como la debilidad del sentimiento de comunidad europea, desconfianza populista en el establishment, deslegitimación institucional y crisis económicas (Aguilera de Prat; 2012: 28 y ss.). Pero en los últimos años, en los discursos populistas de estos partidos, el  factor que se está viendo especialmente atacado es la inmigración.  Uno de los principales peligros de la retórica populista es la transformación de la política en demagogia, sin una serie de datos cuantitativos donde sostenerse, que terminan cambiando la percepción de los ciudadanos a pesar de que esta no se corresponde con la realidad.

Estos partidos han reforzado una correlación inversamente proporcional entre el flujo significativo de inmigración y la prosperidad económica a nivel individual.

En el gráfico 1 se destaca el índice de percepción de Alemania sobre la influencia positiva de los inmigrantes en la economía, que viene potenciado por unas eficaces medidas de integración de los inmigrantes en la sociedad alemana. Respecto a la influencia negativa de los inmigrantes en la economía, la Republica Checa y Hungría presentan los índices más altos, sin presentar una distancia importante con Reino Unido.

Seguimos con el gráfico 2, que también se basa en el índice de percepción sobre la negatividad o positividad de los inmigrantes en el sector laboral, donde Alemania y Suecia son los países que más oportunidades creen que ofrecen los inmigrantes a la hora de crear nuevos trabajos. Los más escépticos y con una visión más cerrada sobre la inmigración vuelven a ser Hungría y la Republica Checa.

Nos fijamos en la posición del Reino Unido que sobresale la postura de que los inmigrantes quitan puestos de trabajo sobre la creación de nuevos en el gráfico 2, además que en el gráfico 1 también gana la percepción negativa sobre los inmigrantes en la economía nacional por encima de su impacto positivo en ella. Respecto a este hecho parece acertado citar a Joaquín Arango en su artículo “Los dilemas de las políticas de inmigración en Europa”, donde afirma que “Hay que añadir que el fracaso relativo a las experiencias infelices sobre integración suele imputarse a características de los propios inmigrantes y nunca o rara vez a la insuficiencia de las políticas de integración o a los rasgos de la sociedad receptora que constituyen obstáculos o barreras a la integración”.

Actualmente, estamos viviendo el final de la relación entre Reino Unido y la Unión Europea pero en el 2014 ya se mostraban fuertes posicionamientos proteccionistas respecto al sector económico por parte de la ciudadanía británica.

Según Jesús Mesa Montero en su trabajo de investigación “Cambios en los sistemas de partidos europeos: austeridad, euroescepticismo y partidos emergentes” nos habla de que el fenómeno euroescéptico parece más fuerte y claro en Estados con un modelo de Bienestar elevado y desarrollado que quieren proteger de alguna manera las bondades sociales frente a las injerencias externas. Esta teoría podría demostrar cómo han llegado a obtener representación parlamentaria los partidos políticos euroescépticos en países como Alemania, Francia, Holanda…

En el gráfico 3 están representados los datos obtenidos de la pregunta en la Encuesta Social Europea: ¿De cada 100 personas viviendo en (país), cuantas crees que nacieron fuera de (país)?. Este grafico es una representación bastante acertada de la percepción global de cada país sobre la inmigración que puede chocar con la realidad cuantitativa sobre el censo de inmigrantes. Países como Hungría que presentan una alta percepción sobre la cantidad de inmigrantes pero luego solo son alrededor de un 4% de la población total.

Habiendo observado la percepción de los ciudadanos sobre la inmigración y como se relaciona esta con la economía, podemos concluir que en los países donde existe un auge de los partidos euroescépticos se tiende a relacionar la inmigración con una connotación negativa en términos económicos, desencadenando una afinidad a partidos euroescépticos que no solo tienen posturas acérrimas a la soberanía nacional, sino que también tienen en cabida formaciones cuya etiqueta ideológica no es anti-integracionista, sino que entienden de otro modo la construcción europea (Aguilera de Prat; 2012: 31).