Lorena Prieto Calera.

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La socialización se define como el proceso mediante el cual la persona aprende e interioriza, en el trascurso de su vida, los elementos socioculturales de su medio ambiente, los integra a la estructura de su personalidad, bajo la influencia de experiencias y de agentes sociales significativos, y se adapta así al entorno social en cuyo seno debe vivir” (Rocher, 1990).

De acuerdo con la hipótesis de los años impresionables, la socialización influye en la experiencia de los individuos cuando son jóvenes teniendo un profundo impacto en su pensamiento a lo largo de sus vidas (Cutler, 1974; Dennis, 1973; Easton y Dennis, 1969; Greenstein, 1965; Hess y Torney, 1967; Sears, 1975, 1981, 1983). Por tanto, el entorno histórico en el que se convierte una persona joven en participante activo en el mundo adulto dará forma a los valores, actitudes y puntos de vista del mundo que tendrá a lo largo de su vida (Krosnick, J.A. y Alwin D.F., 1989).

La dictadura franquista tuvo un carácter desmovilizador de la población, favoreciendo la apatía política y la aceptación pasiva del régimen, con la salvedad de aquellas ocasiones puntuales en las que se procuró la movilización popular para mostrar apoyo al régimen (Sevillano Calero, F., 1996). Además, tuvo lugar un clima de miedo a la política entre los ciudadanos dada la arbitrariedad de las leyes franquistas, ya que la mayor parte de la población conocía a alguien encarcelado por estar relacionado de un modo u otro con la política.

Dicho esto, cabe hipotetizar sobre si la visión negativa de la política absorbida por las personas que se socializaron durante el primer franquismo da lugar a bajos niveles de participación política de estas personas en la actualidad.

Se ha elegido la primera etapa del régimen franquista (1939-1959) por ser el momento de mayor aislamiento y de más dureza y represión. Por su parte, la hipótesis de los años impresionables señala que los sujetos son más propensos a ser susceptibles a los cambios de actitud entre los 18 y 25 años (Krosnick, J.A. y Alwin D.F., 1989), por lo que son más permeables a las influencias del contexto. Es por ello por lo que el objeto de estudio son las personas nacidas entre 1921 y 1933, aquellas en las que su proceso de socialización se dio por completo entre 1939 y 1959 (confiando en que se encontrasen en España en dicho momento, ya que la Encuesta Social Europea no
hay una variable en la que se especifique el lugar de residencia durante una etapa).

Por último, las variables utilizadas para medir la participación política son: firma de peticiones, manifestaciones y voto en las últimas elecciones. Todas ellas sacadas de la Encuesta Social Europea de 2002, por ser la que podía abarcar mejor a los nacidos entre 1921 y 1933, que en ese momento tendrían entre 69 y 81 años.

En cuanto a la firma de peticiones, los españoles tienen un porcentaje similar a Finlandia y los Países Bajos si se analizan los participantes de la encuesta de todas las edades (1893 a 1989 – no habiendo datos para 1894/1899 ni 1901/1903), siendo también parecido al del conjunto de todos los países analizados.

Sin embargo, esta similitud cambia en el momento en el que nos fijamos en la cohorte que estamos analizando, donde es de 6’7% mientras que en el resto de países supera el 12%. Es decir, las personas nacidas entre 1921 y 1933 en España firman peticiones en un porcentaje en gran medida inferior a la media de la población española, lo que no se puede explicar por su mayor edad ya que en países con porcentaje de firma similares no se da esta relación.

En cuanto a la participación en actos de protesta legal, la diferencia en el total de países entre los nacidos en la cohorte objeto de análisis y el conjunto de los ciudadanos es de 5%, muy inferior a la del caso de España (12’8%). Ello no es necesariamente significante de una menor participación política debido a su socialización durante la dictadura franquista, ya que, en Francia, país con similares índices totales sucede lo mismo. Podría deberse a que las personas mayores son menos propensas a participar en este tipo de actos.

 

 

 

 

 

Por su parte, en el voto en las pasadas elecciones, se han elegido Irlanda y Finlandia para comparar por tener niveles similares de participación electoral. En todos los países analizados, así como en la media del conjunto, los nacidos entre 1921 y 1933 tienen mayor porcentaje de participación en elecciones que el total de la población.

Conclusiones

A pesar de que en la firma de peticiones sí parece afectar el hecho de pertenecer a una cohorte que se socializó en un momento concreto con un clima de represión política generalizada, parece que esto no afecta a la participación en manifestaciones ni a la participación electoral. Ello lleva a pensar que la socialización durante el primer
franquismo no implica unos niveles de participación política más bajos.

Manteniendo en cierta medida la argumentación, podría deberse a que participar en la firma de peticiones conlleva dar tus datos -que van a ser revisados- para una cuestión específica, mientras que los otros dos tipos de participación analizada dan lugar a una menor exposición. En base a esto, dicha cohorte de edad sí estaría dispuesta a participar en política siempre y cuando se garantizase en cierta medida su anonimato.

Sin embargo, la baja participación en la firma de peticiones también podría deberse a unos niveles de educación más bajos, que implicarían un mayor analfabetismo, dificultades para acceder a estas peticiones o para comprenderlas, etc. Esto se puede apoyar en los datos de la Encuesta Social Europea sobre el nivel de educación, en donde los Países Bajos y Finlandia (países con los que se ha comparado la firma de peticiones) tienen menor porcentaje de población de los nacidos entre 1921 y 1933 que no ha superado la educación secundaria -aunque el porcentaje de Finlandia sea alto, se sitúa 19 puntos porcentuales por debajo de España, que presenta un porcentaje altísimo (82’3%), debido en gran medida a dificultades propias de la guerra civil y la postguerra.

No obstante, este contexto común (la postguerra) entre la socialización con una visión negativa de la política y la falta de educación superior de esta cohorte no permite asimilar ambas variables como una misma con el objetivo de mantener la hipótesis inicial ya que provienen de causas diferentes: la pobreza extrema experimentada tras la guerra que hizo que muchos jóvenes y niños no pudiesen acceder una educación completa y el miedo hacia la política infundido entre la población.

 

Bibliografía

  • Encuesta Social Europea año 2002.
  • Dictadura, socialización y conciencia política. Persuasión ideológica y opinión en España bajo el franquismo (1939-1962) – Francisco Sevillano Calero.
  • Aging and Susceptibility to Attitude Change – Krosnick, J.A. & Alwin, D.F (1989). Journal of Personality and Social Psychology.
  • The Impressionable Years: The Formative Role of Family, Vote and Political Events During Early Adulthood – Elias Dinas (2010).
  • Evidence of the Long-Term Persistence of Adults’ Political Predispositions –
    David O. Sears y Carolyn L. Funk Source. The Journal of Politics, Vol. 61, No. 1
    (1999).