Gonzalo Torres Picazo.

#ParticipaciónElectoral

#Absentismo

#España

Desde que en 1977 el 78% de los españoles participaran en las primeras elecciones democráticas tras el franquismo, la participación electoral en España no ha conseguido remontar. No solo no ha remontado, sino que, con algunos repuntes, ha seguido una trayectoria de caída libre que culminó en 2016 con uno de los niveles de participación más bajos de la historia democrática. En este sentido, el propósito de este post es presentar diferentes argumentos que sitúan, en el contexto de la transición y la posterior consolidación democrática, las causas de esta desmovilización.

Si bien numerosos estudios han analizado la transición española desde diferentes puntos de vista [histórico (Carr, 2015), teniendo en cuenta el papel de los líderes políticos (Linz, 1987), centrándose en la figura del rey (Berneckere, 1996; Toquero, 1989), analizando su carácter pactado y relativa falta de violencia (Casals, 2016), en relación con diferentes instituciones democráticas (Nohlen, 1999), etc. ], lo cierto es que pocos han examinado las dinámicas de participación electoral que siguieron a las elecciones fundacionales de 1977.

El estudio de estas dinámicas es particularmente importante ya que, el voto es el instrumento a través del cual los ciudadanos eligen a los representantes en democracia (Aldrich 1993). Además, como señala Pignataro (2014), la electoral constituye la forma de participación más igualitaria en democracia ya que incluye al mayor número de personas, eliminando sesgos demográficos y sociales, y potenciando las decisiones personales de cada individuo (cada voto cuenta igual). Es por ello que el nivel de participación sirve para medir la satisfacción ciudadana con la democracia, ya que numerosos estudios (Ezrow, 2013; Birch 2010) concluyen que los países en los que los ciudadanos expresan mayores niveles de satisfacción con la democracia también tienden a mostrar mayores niveles de participación electoral.

En la década de 1980, Guillermo O’Donnell y Philippe Schmitter (1986) defendieron que bajo todo régimen autoritario se genera una presión popular irresistible para participar electoralmente. Dicha presión se libera en la “elección fundacional”, para después dar lugar a un proceso de desmovilización electoral a medida que la excitación de la transición se desvanece y los votantes aprenden que las elecciones no son una panacea.

Si bien estos autores tuvieron en cuenta para su estudio países africanos, de oriente medio y del sudeste asiático, lo cierto es que los datos sugieren un ajuste casi perfecto de sus conclusiones también al caso español. En este sentido, cabría pensar que el caso español no es tan problemático. Esto se debe a que los niveles de participación electoral en España se asemejan al del resto de países del entorno europeo. Sin embargo, contrariamente al resto de países del entorno, la democracia en España tiene un origen transaccional. Es decir que, si bien puede enmarcarse a España en la corriente europea de descenso de la participación electoral tras la 2ª Guerra Mundial, lo cierto es que la democracia española tiene elementos intrínsecos, fruto de su origen transaccional, que hacen relevante un estudio más detenido.

Cabe en este momento dar una breve definición de lo que entendemos por participación electoral, para pasar enseguida a presentar los motivos por los que defiendo que el avance democrático trajo consigo una desmovilización electoral.

Siguiendo a Ortegón (2006: 16), definiremos la participación electoral como “la acción de acercarse a las urnas y ejercer el derecho democrático al voto”. Así pues, en este post vamos a analizar los factores que inciden en la decisión de votar o abstenerse, no la orientación política del voto, ni su validez (afirmativos, en blanco, nulos).

Partimos de la base de que la participación electoral es difícil de entender, y de que ninguna de las explicaciones dadas hasta el momento son satisfactorias tanto teórica como empíricamente (Aldrich 1993). Así pues, con cautela y por orden de surgimiento, vamos a presentar las razones principales que explican el descenso de la participación electoral tras la vuelta de la democracia.

 

– Un inicio no muy prometedor.

Como resultado de la guerra civil, la competición fue eliminada del sistema político español durante casi 40 años. “El Movimiento” pasó a monopolizar la vida política, sirviendo como un instrumento de control político más que de movilización (Medhurst, 1984: 30). De esta forma, la laguna democrática creada por el franquismo no constituyó una buena base para el inicio de la actividad democrática. Prueba de ello era que, en 1977, las únicas personas que previamente habían participado en una elección democrática tenían por entonces 65 años o más.

Otro elemento que jugó en contra de la participación electoral desde el principio de la democracia fue la sucesión de elecciones en un corto periodo de tiempo. Si bien podemos considerar que la “elección fundacional” fue la de 1977, a ésta le siguieron un año después el referéndum para la ratificación de la Constitución española (67,11% de participación) y dos años más tarde las segundas elecciones generales. Este ritmo inicial de elección/año eliminó la novedad de la participación en democracia, he hizo que en solo 2 años la participación cayera un 11% (ver gráfico).

Por último, algunos autores también se han centrado en el tipo de transición como origen de la débil participación política en España. El carácter pactado, y no de ruptura, de la transición tuvo como consecuencia la acomodación de las élites franquistas a la nueva realidad democrática. Esto supuso que fueran los líderes del régimen, junto con la oposición democrática, y no la ciudadanía, los que moldearan la dirección del nuevo sistema. De esta forma, a la euforia inicial, fruto de las primeras reformas políticas, le siguió la constatación por parte de la ciudadana de las numerosas restricciones a un cambio más extenso. Esto desembocó rápidamente en un “desencanto” generalizado que se tradujo en absentismo electoral (Montero, 1981).

 

– Un sistema de partidos que no ayuda.

Cuando hablamos de sistema de partidos, no solo pensamos en el número efectivo de partidos políticos, sino que además tenemos en cuenta la forma en que se relacionan, su grado de polarización, la necesidad o no de más de un partido para formar gobierno, etc. Sin embargo, voy a dejar de lado estas implicaciones para señalar brevemente el efecto negativo que tuvo el número efectivo de partidos en los orígenes de la democracia española.

El multipartidismo es inversamente proporcional a la participación electoral (Jackman, 1987). De esta forma, un elector inmerso en un sistema de partidos fragmentado, ante la imposibilidad de predecir los acuerdos post-electorales, tenderá a participar menos al percibir que su voto no se traduce perfectamente en la formación de gobierno. Esta situación es especialmente relevante en democracias de nueva creación, en las que ni el sistema de partidos ha tenido tiempo de institucionalizarse, ni los ciudadanos de familiarizarse con los partidos. A esta situación tuvieron que enfrentarse los electores de 1977 y 1979: un mercado electoral saturado de nuevos partidos que confundían y alienaban a potenciales votantes (Power, 2007). Siguiendo esta línea, y ya en la actualidad, sería interesante estudiar el efecto que la aparición de nuevos partidos (Podemos y Ciudadanos) ha tenido en relación con el multipartidismo y su efecto de confusión en el electorado.

 

            – La economía, siempre presente.

Si bien la relevancia de la economía en los resultados electorales constituye una materia muy estudiada (Lavezzolo, 2008), poco se sabe sobre si afecta directamente a la participación en sí misma. Es decir, la adversidad económica ¿aumenta o disminuye la participación electoral?

En este sentido, la “hipótesis de la movilización” defiende que las situaciones de adversidad económica dan como resultado una mayor participación electoral. Se trata de un argumento clásico de la literatura del voto económico: ante una mala gestión de la economía, la participación se moviliza para castigar al gobierno responsable (Lavezzolo, 2008). Esta hipótesis es útil para explicar el cambio de “color” de diferentes gobiernos en España (1996 y especialmente 2011), pero no explica la caída en participación que tuvo lugar. Para el caso español, la relación entre economía y participación se explica mejor desde la posición de la “hipótesis del abandono”. Esta hipótesis sostiene que ante una situación de adversidad económica, los ciudadanos tienen cosas más importantes por las que preocuparse que el ir a votar. Steven Rosenstone (1982: 26) plasma esta hipótesis perfectamente al afirmar que “cuando una persona experimenta una situación de adversidad económica, sus escasos recursos se gastan en mantener el cuerpo y el alma juntos”.

Esta hipótesis del abandono se ve reforzada por los efectos ligados al Estado de bienestar. Nos referimos en este punto a toda una serie de derechos, fruto del avance democrático, que han venido a proteger a los ciudadanos frente a las desigualdades sociales. En este sentido, sería interesante estudiar en el futuro la forma en que instituciones sociales como la sanidad pública o las ayudas al desempleo afectan a la participación electoral. Un trabajador sin trabajo que cobra una ayuda al desempleo, ¿tiene más o menos incentivos para votar?

Conclusión.

El estudio de los motivos que influyen en la participación electoral es complejo (Santana, 2007). En este post hemos analizado la tendencia decreciente de la participación electoral en España. Si bien este trabajo no pretende analizar exhaustivamente todos los factores que influyen en la participación, hemos conseguido esclarecer algunos puntos. En primer lugar, hemos analizado las condiciones preexistentes a la transición que, junto con otras desarrolladas por el avance de la democracia, hacen de España un país propenso a bajas participaciones. A pesar de ello, no considero que esta tendencia vaya a continuar en el futuro. Es decir, en algún momento daremos con un “suelo” natural, un punto a partir del cual es poco probable que la participación caiga. Cabe sin embargo preguntarnos ¿cuál será ese suelo?

Por último, no quiero finalizar este post sin proponer antes alguna solución. Al respecto, me gustaría detenerme en el análisis de la obligatoriedad del voto. Diferentes estudios (Nohlen, 1999), al igual que un rápido vistazo las bases de datos de IDEA, corroboran que aquellos países en los que el voto es obligatorio tienen porcentajes de participación más altos. Si bien los países con obligatoriedad en el voto son los menos (IDEA, 2018), lo cierto es que nada tiene de anti-democrático esta institución (Linz, 1978). La amplia legitimación electoral de la mayoría de gobiernos latinoamericanos, o de países tan poco sospechosos de ser contrarios a la democracia como Bélgica, Luxemburgo o Australia, se fundamenta en la obligatoriedad del voto. Son conscientes de que la democracia se sostiene en gran medida a través de su práctica, y la electoral es la práctica democrática por excelencia. Así pues, sin entrar en la discusión sobre la necesidad de sanciones efectivas o no, sería interesante que estudios posteriores analizaran la implementación del voto obligatorio en España. Si bien se trataría de una participación fabricada por la ley, no deja por ello de ser válida y legítima. Lo cierto es que acercaría al ejercicio de la democracia a un sector de la población que de otra forma quizá nunca se hubiera interesado.

 

Bibliografía.

Aldrich, J. 1993. “Rational Choice and Turnout.” American Journal of Political Science 37(1): 246-78.

Berneckere W. (1996) El papel político del Rey Juan Carlos en la transición. Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), Núm. 92. Abril-Junio.

Birch, S. (2010). Perceptions of Electoral Fairness and Voter Turnout. Comparative Political Studies, 43(12), 1601-1622.

Carr, R. (2015). España de la Restauración a la democracia. (1875 – 1980). Ed. Ariel. Barcelona, 1983.

Casals X. (2016). Pasado & Presente. Barcelona, 2016.

IDEA: The International Institute for Democracy and Electoral Assistance. (2018).

Jackman, R. (1987). Political institutions and voter turnout in the industrial democracies. American Political Science Review.

Lavezzolo, S. (2008). Adversidad económica y participación electoral en América Latina, 1980-2000. Revista española de ciencia política, Núm. 18, pp. 67-93.

Linz J. (1987) Innovative Leadership in the transition to democracy and a new democracy: the case of Spain, Manuscrito, Jerusalén.

Linz, J. (1978). Non-competitive elections in Europe. In Guy Hermet, Richard Rose, & Alain Rouquie (Eds.), Elections without choice (pp. 36-65). London: Macmillan.

Medhurst, K. (1984). Spain’s Evolutionary Pathway from Dictatorship to Democracy. West European Politics. Número 3. Pág. 30-49.

Montero, J.R. (1981). Partidos y participación política; algunas notas sobre la afiliación política en la etapa inicial de la transición española. Revista de Estudios Políticos., Núm. 4, pp 23–25.

Nohlen, D. (1999). Sistema de Gobierno, Sistema Electoral y Sistema de Partidos Políticos : opciones institucionales a la luz del enfoque histórico-empírico. Fundación Friedrich Naumann. Ciudad de México. (Pág. 93 – 114)

O’Donnell G., y Schmitter P. (1986). Transitions from authoritarian rule: Tentative conclusions about uncertain democracies. Johns Hopkins University

Ortegón, M. (2010). Conflicto armado y participación electoral en Colombia: el caso de la elección presidencial en el 2006. Revista Pléyade de ciencia política, Año III (No 5).

Pignataro, A. (2014). Participación electoral comparada en América Latina: un modelo desde la teoría de elección racional. Derecho Electoral, 17, 154 – 175.

Power, T (2007). Does Democratization Depress Participation?: Voter Turnout in the Latin American and Eastern European Transitional Democracies. Political Research Quarterly, Vol. 60, No. 3.

Rosenstone, S. (1982). Adversidad económica y participación electoral, Revista americana de ciencia política, página 26.

Santana A. (2007). Expresividad, cálculo y movilización en la decisión de votar. Tesis doctoral de Andrés Santana Leitner. Departamento de ciencias políticas y sociales Universidad Pompeu Fabra. Barcelona.

Toquero J. M. (1989). Franco y Don Juan: La oposición monárquica al franquismo, Barcelona.