Mathilde Gosselin.

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El último 13 de junio 2016, Pedro Sánchez, líder del PSOE, afirmó su posición como « partido de las mujeres » declarando : « El PSOE es el partido de las mujeres, y mi gobierno será paritario ». ¿Pero, cómo puede ser un partido « femenino »? ¿Acaso hay diferencias ideológicas entre hombres y mujeres? En sí mismo, no se pueden considerar las diferencias de orientación política entre hombres y mujeres como un clivaje [1]; por lo tanto, no se puede negar que existieron y que siguen existiendo, en menor medida, diferencias en el voto entre hombres y mujeres. Entonces ¿en qué medida tienen las mujeres un comportamiento político diferente de los hombres?

Hay que recordar que las mujeres siempre han sido un grupo sociodemográfico a parte, y tradicionalmente excluido de la esfera política. En la Roma Antigua, no se les consideraba como ciudadanas ; también son excluidas de la fase de democratización que empezó con la Revolución Francesa de 1789, aunque sí algunas mujeres formaban parte de los que apelaban a la democracia, cómo la francesa Olimpe de Gouges que conoció una trágica suerte tras la publicación de su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Sólo a principios del siglo XX empieza a otorgarse el derecho al voto para las mujeres en los países europeos. España se los da en 1931 bajo la Segunda República ; pero, pronto se les retira este derecho, con la llegada al poder de Franco. La ideología católica y conservadora del franquismo encierra las mujeres en un papel no sólo totalmente despolitizado, pero también de sumisión a la autoridad del hombre, lo que tendrá consecuencias ciertas en su comportamiento electoral y su posicionamiento político una vez la dictadura acabada.

Primero, lo que aparece es que se interesan menos en la política. Según los resultados de la Encuesta Social Europea de 2002, las mujeres parecen en general menos interesadas que los hombres en la política.

 

Interés en la política de los hombres y mujeres españoles, hayan votado o no en las últimas elecciones

 

El gráfico parece representar dos curvas inversas. Por una parte, la de los hombres, que alcanza su máximo en la categoría « Muy interesados en la política » y, después, sigue una tendencia a la baja hasta la categoría « No interesados para nada » ; por otra parte, la curva de las mujeres, que es igual, pero al revés (el punto máximo se sitúa en la categoría « No interesadas para nada »). Se podría explicar esta diferencia de comportamiento electoral con los efectos despolitizadores del franquismo en particular en las mujeres, y el hecho de que la política siempre fue considerada como cosa de hombres.

Hablemos ahora de su orientación política. Desde que empezaron a desempeñar un papel activo en la política, en cuanto ciudadanas, las mujeres se han considerado como más a la derecha. Dice el experto en encuestas electorales José Juan Toharia que « antes, la pauta electoral estaba clara. Se votaba según la clase social y el sexo. La clase alta, a la derecha y la baja, a la izquierda. Las mujeres, más a la derecha ; de ahí las reticencias a darles el voto femenino en la República, y los hombres, más a la izquierda ». Los datos de la ESE tenderían a apoyar este pensamiento.

Partido votado en la última elección en España, según el sexo (datos de 2004)

Por lo tanto, este fenómeno tendría una cierta tendencia a suavizarse con el tiempo. La misma encuesta, realizada de nuevo en 2014, muestra resultados un poco diferentes :

Partido votado en la última elección en España, según el sexo (datos de 2014)

Excepto para IU y UPyD, que parecen seguir siendo partidos más votados por hombres, los demás partidos tienen casi tantas mujeres como hombres entre sus votantes. ¿A qué se debe este fenómeno? Primero, hay que subrayar el importante vínculo entre la politización de la mujer y los movimientos feministas, que llegaron tarde a España, después de la muerte de Franco. El feminismo, que ya estaba muy presente en países de Europa del Norte, llevó consigo reivindicaciones relativas entre otras a la educación. En efecto, una de las causas del comportamiento electoral diferenciado según el género era la falta de educación, especialmente política, de las mujeres ; por eso se nota que, en los sectores de población más educados, desaparecen las diferencias ideológicas vinculadas al género. Así, la mejora en la educación (especialmente via una educación única para ambos sexos) permitió igualar las diferencias de orientación política.

Por otra parte, jugaron un papel muy importante los propios partidos políticos en la reducción de este fenómeno. Como lo dijimos antes, las mujeres representan un grupo sociodemográfico interesante para los políticos, ya que son un poco más numerosas que los hombres : es entonces necesario conquistar este electorado. Parecería entonces cierto que las preferencias del electorado femenino en su conjunto irían a partidos que defienden sus intereses particulares, es decir que toman posición en contra de la violencia de género, de la desigualdad de sueldos (wage gap), … Los partidos se disputan entonces los favores de las mujeres, proponiendo políticas capaces de seducirlas y, así, aumentar su electorado ; cuando el PSOE se reclama « partido de las mujeres », el PP responde declarándose « el partido que más defiende a las mujeres ».

Entonces, no se puede negar que existen ciertas diferencias de comportamiento electoral entre los hombres y las mujeres. La división de género está a raíz de comportamientos en cierta medida diferenciados : las mujeres están menos interesadas por la política y votan más a la derecha que los hombres. Por lo tanto, estas diferencias (que se deben en gran medida a la historia política de España) tendrían a desaparecer con el tiempo, con la difusión de una educación única y una evolución de los mensajes partidarios. El tema del voto de las mujeres está entonces muy vinculado con el ascenso del feminismo, que siempre tiende a integrar más a las mujeres en política : aunque algunos votantes siguen prefiriendo dar su voto a hombres, algunas mujeres se imponen como fuerzas políticas ineludibles, como la alcalde de Madrid Manuela Carmena y su alter ego barcelonesa, Ada Colau.

[1] « Cualquiera división social no es un clivaje », véase la sesión 8 del curso de Elecciones y comportamiento político de Javier LORENTE. Es entonces interesante constatar diferencias de comportamiento electoral no creadas por un clivaje.