Gonzalo Andrade.

#Voto

#Inmigración

#Euroescepticismo

#ExtremaDerecha

Un inquietante fenómeno está cobrando cada vez más protagonismo en las instituciones de gobierno de diversos países occidentales. La extrema derecha, con marcados tintes xenófobos, fascistas y populistas está resurgiendo como una forma de protesta contra las políticas de los partidos clásicos.

Acaso el denominador común más acusado sea el componente racista. Muchos de estos movimientos, que ya han entrado en las instituciones, están empleando un discurso basado en el odio y, a propósito de la actual crisis en materia de inmigración y la situación de los refugiados, entre otros aspectos, han conseguido resultados electorales satisfactorios a costa de ignorar muchos valores que siguen sustentando nuestras democracias.

A priori, cabría pensar que quienes están confiando en estas opciones políticas son ciudadanos mayores de 50 años, con ideologías ultraconservadoras, xenófobos, patriotas en un sentido extremo, euroescépticos o, sencillamente, individuos que han perdido confianza en el sistema y sus instituciones, y ya no encuentran satisfechas sus demandas.

Sería interesante averiguar si estas opciones políticas están siendo apoyadas por ciudadanos con estas características o si, más bien, entre sus bases hay jóvenes simpatizantes de esas tesis extremas. Para ello, resulta curioso estudiar el apoyo a algunas fuerzas de esta naturaleza en casos como Alemania (Alternativa para Alemania), o Francia (Frente Nacional). Sabemos que actualmente estas fuerzas ocupan puestos de representación en las instituciones soberanas de ambos países. No obstante, dado que para analizar este fenómeno debemos ceñirnos a los datos de la ESS, cuya última edición se remonta a 2014, no podremos medir el fenómeno en base a “el recuerdo de voto en las últimas elecciones”. En primer lugar, porque la ESS nos limita el estudio, al no haber encuestado aun esos resultados electorales, que de hecho son muy recientes. En segundo lugar, porque se ha preferido no acudir a ese clásico para medir este fenómeno. Por ello, se ha optado por usar como indicadores alternativos “el apoyo a la acogida de inmigrantes” o si “los inmigrantes quitan o generan puestos de trabajo”.

Además, se ha preferido usar estos dos casos porque, si bien el movimiento xenófobo de ultraderecha se encuentra bastante extendido por Europa, encontrándose también ejemplos en Holanda, Austria, Bélgica, o Grecia, entre otros, no se ha considerado adecuado aumentar el número de casos, para no hacer un análisis excesivamente dimensionado. Por ello se ha optado por dos países que representan valores europeos compartidos y que tienen un gran peso en Europa.

Una primera aproximación podría ser la que se refleja en el siguiente gráfico:

Como podemos observar, la opción mayoritaria es la más neutral (5) en ambos casos. Lo que parece significativo es que no hay unas posiciones de rechazo general a la inmigración, pues las siguientes más dominantes son las correspondientes al 6 y al 7 (más cerca a “crean trabajo”) y el 4 (más cerca a “quitan trabajo”). Por tanto, no se trata de posicionamientos extremos sino más bien lo contrario, moderados.

Después, si nos referimos a la edad, los datos suelen mostrar que el apoyo en Alemania y Francia a las fuerzas de extrema derecha se produce por parte de votantes de mediana edad, entre 30 y 55 años, aunque en Francia el porcentaje de jóvenes entre 18 y 24 años que apoya esta opción es significativo, en torno al 30%. Si bien la mayor parte de los apoyos a partidos de ultraderecha proceden de electores de mediana edad, no es desdeñable el porcentaje de población joven que los apoya. Los viejos partidos, los tradicionales, los que han mantenido el sistema sin cambios y parecen haberse repartido el poder legislatura tras legislatura, han podido perder parte de ese electorado joven en favor de opciones políticas que optan por un discurso distinto. Estos movimientos de dudoso espectro ideológico han podido aprovechar la decadencia de esas clásicas ideas para atraer nuevos votantes que, indignados con el anterior sistema, fueran presa fácil que convencer de cara a unos comicios.

Los jóvenes, por su parte, son una pieza del electorado de difícil determinación. Si bien hoy en día no se definen a sí mismos con tanta frecuencia en la clásica dicotomía derecha-izquierda, pues están cada vez más formados y toman sus decisiones independientemente de esos dos ejes, lo cierto es que también forman parte del sistema, y han sido cómplices de sus efectos, pero quizá, al ser una parte del electorado más volátil, a la que le puede afectar más los aspectos coyunturales que los estructurales, han preferido en según qué casos confiar en estas nuevas fuerzas políticas (Wring, Henn &Weinstein, 1999).

Como se puede apreciar, no es mayoritario el apoyo de los jóvenes a estos nuevos movimientos, al menos no en todos los casos. En este gráfico de la ESS se puede observar qué opinión tienen los jóvenes sobre “la acogida de inmigrantes provenientes de países no europeos”. Recordemos que se trata de datos de 2014 y que es posible que en estos últimos tres años los resultados hayan cambiado, posiblemente hacia un mayor rechazo, coincidiendo con la mayor consolidación institucional de estas fuerzas de extrema derecha.

No obstante, no deja de llamar la atención que, si bien los jóvenes en Francia y Alemania son más proclives a la opción “acoger a algunos”, también es significativo el dato de “acoger solo a unos pocos” especialmente apoyado por aquéllos de entre 18, 22 y 24 años en Francia, por encima del resto de opciones.

En cualquier caso, no sería deseable afirmar que haya una correlación directa entre la mayor o menor disposición a la acogida de inmigrantes con el mayor o menor apoyo a partidos de extrema derecha, pero el dato no deja de ser ilustrativo, especialmente en el caso de Francia, donde mayor porcentaje de jóvenes aúna el Frente Nacional, de entre los casos que hemos observado.

De todos modos, sería interesante poder estudiar este fenómeno con datos más recientes, pues es probable que arrojásemos resultados distintos, ya que este movimiento se ha intensificado estos últimos años. Como siempre, la sociología y la política, no digamos la conjunción de ambas, deberían invitar a no ser categórico en los juicios. Hay posiciones intermedias, contrastes, paradojas y muchas variables para analizar.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

  • European Social Survey (ESS). http://www.europeansocialsurvey.org/
  • Wring, D., Henn, M. y Weinstein, M. (1999) Young people and contemporary politics: Committed scepticism or engaged cynicism?, British Elections & Parties Review, 9:1, 200-216.