Julia Fernández Gilarranz.

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El surgimiento del movimiento 15M en 2011 y el periodo de movilizaciones que siguió al mismo durante los meses siguientes, puso de manifiesto que la confianza en el sistema político y social vigente en España desde hace casi 40 años dejaba de ser tan estable como parecía. El surgimiento del 15m en 2011 no fue casual, España asistía a su peor crisis económica desde los 90’, con niveles de paro muy elevados y un nivel de confianza de la democracia cada vez menor.

Sin embargo, cabe destacar que este fue un movimiento de marcado carácter juvenil (casi el 50% de los asistentes tenían menos de 34 años, como puede verse en este post)  y, teniendo en cuenta que los jóvenes tienden a votar menos, como se indica aquí, cabe pensar que el perfil de los descontentos con el sistema no sea el mismo que el de los jóvenes participantes del 15M.

Esta crítica al nivel democrático en España se logró hacer un hueco en el debate político y pasó a formar parte del discurso de Podemos, un nuevo partido político que, mediante la institucionalización del movimiento, articulaba las demandas y críticas que surgieron en la puerta del sol aquel mes de mayo. Como se ve en este post de Agenda Pública, éste logro frenar la desafección política y mediante sus mecanismos de participación trató de llevar a un proceso de regeneración democrática.

Pero, ¿cómo fue el descontento con la democracia en los votantes de las elecciones del 20 de noviembre de ese mismo año 2011? Para analizar el perfil de los sujetos descontentos utilizaré los datos de la Encuesta Social Europea de 2012. Creando una nueva categoría, los “desencantados”, que son aquellos que en una escala de cero a diez consideran en tres o menos su nivel de satisfacción con el funcionamiento de la democracia en España. A partir de estos datos, intentaré crear un perfil político de los mismos.

En primer lugar, debe decirse que en atención a los datos existen pocas diferencias entre géneros, puesto que los hombres y mujeres desencantadas se encuentran entorno al 41%, aunque ligeramente superior en el caso de los hombres (41.1% los hombres y 40.9% las mujeres).

Una diferencia mayor aparece cuando lo que se tiene en cuenta es el nivel educativo finalizado. Entre la población con nivel de estudios igual o menor a la ESO o EGB, el porcentaje de desencantados es algo menor del 39% mientras que, tanto en el caso de personas con Bachillerato y FP como entre aquellos con formación universitaria, es de un 44% (43.7% y 43.6% respectivamente).

Sin embargo, los datos más relevantes se encuentran cuando se analiza el plano político. Es probable que una parte considerable de aquellos participantes del 15M no votaran en las elecciones generales del 2011, pero es interesante observar cuál era el porcentaje de desencantados entre los votantes de los distintos partidos políticos en dichas elecciones. El gráfico 1 refleja los resultados de cruzar a nuestros “desencantados” y su respuesta a “a quien votaron en las pasadas elecciones nacionales” y cabe destacar que, como era de esperar, este porcentaje es menor entre los dos partidos mayoritarios a nivel estatal.

Entre los votantes del Partido Popular solo un 28% estaban desencantados frente al 42% del PSOE. El resto de opciones políticas cuentan con una mayoría de sus votantes desencantados. Cabe destacar que en el caso de los votantes del PNV y de la extinta CiU, ambos tenían el poder de sus respectivas comunidades autónomas, su nivel de desencantados es considerablemente elevado siendo, en el caso del PNV superior al de Amaiur. En el caso de los partidos de ámbito estatal Izquierda Unida y UPyD tienen un porcentaje de 58 y 55 respectivamente.

Estos resultados parecen indicar que, con la excepción del PSOE y el PP, un nivel elevado de desencanto con la democracia en España es considerablemente transversal entre las distintas opciones políticas.

Por último, en relación a lo anterior y con el fin de observar cómo se distribuyen los desencantados en el espectro ideológico, el Gráfico 2 muestra su situación el eje izquierda-derecha. Es destacable que, a pesar de que un 35% de los desencantados se sitúan en el centro, se trata de un grupo escorado a la izquierda con un 47%, situándose en un 4 o menos (siendo 0 lo más a la izquierda y 10 lo más a la derecha) mientras que apenas un 17% se posiciona en la derecha. Este posicionamiento en la izquierda también se da si se tiene en cuenta a la totalidad de la población, pero de una forma mucho menos acusada.

Por último, y para finalizar nuestro análisis, se presenta interesante estudiar si el nivel de desencanto con el sistema democrático por parte de la población española se centra en una desconfianza en las instituciones españolas o si también se extendía al ámbito de la Unión Europea. Para hacer una aproximación he comparado el nivel de confianza de los desencantados en el Congreso de los Diputados y en el Parlamento Europeo. De este modo se puede observar que, en una escala del 1 al 10 un 82% de este grupo confía en el Congreso de los Diputados menos de un 5 mientras que en el caso del Parlamento Europeo este porcentaje se reduce a un 70% por ciento.

Por tanto, como se desprende de los datos podría decirse que no hay un perfil especifico de que nos indique cómo se comportan los desencantados. Podría decirse que están más desencantados los sujetos con un mayor nivel educativo y más de izquierdas, ya que en el género no se han encontrado diferencias relevantes.

Habrá que esperar a los resultados de la próxima Encuesta Social Europea para ver cómo han afectado a la confianza de los españoles en la democracia los últimos acontecimientos que el país está viviendo.

 

BIBLIOGRAFÍA: