Sofía Tardáguila Montes.

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En 2008 la crisis económica azotó nuestro país. Las políticas fiscales de corte contractivo quebraron el Estado Social del que gozábamos. El sistema fiscal español se estaba yendo a pique y se solventaba mediante la inyección de dinero público. Por último, los continuos casos de corrupción de cualquier signo político alejaban a los dirigentes de sus votantes.

Una manifestación convocada el 15 de Mayo de 2011 por diferentes organizaciones ciudadanas acabó en una acampada en la plaza del Sol, y finalmente, en un movimiento social que ha continuado mediante asambleas locales en diferentes puntos del país. Sol fue el germen de una serie de medidas que buscaban una mayor participación de la ciudadanía en la democracia así como la regeneración de la clase política española.

La Ley de Transparencia de 2013 o la aprobación de la dación en pago son un guiño al 15M pero distaban mucho de las medidas reclamadas por los manifestantes. Un nuevo partido político, Podemos, cristalizó el desencanto ciudadano y propuso en 2014 una serie de medidas totalmente innovadoras haciéndose eco de las necesidades populares: una banca al servicio de la ciudadanía, una auditoría de la deuda pública o una política fiscal de corte redistributivo, entre otras muchas. Dos meses después de su creación, el 25 de mayo del 2014, Podemos consiguió cinco escaños en el Parlamento Europeo siendo la cuarta fuerza más votada. Éste sería el principio de su andadura política.

Años antes, en 2005, surge Ciudadanos con el fin de atender también a las necesidades de determinados sectores, en concreto, las de catalanes no nacionalistas. Ambas formaciones comenzaron con el manifiesto de un puñado de intelectuales: en Podemos por la acción de personal docente -­‐en su mayoría-­‐ de la Complutense;  en Ciudadanos por personalidades como Francesc de Carreras o Felix de Azúa. Estos últimos buscaban cambiar la escena política de Cataluña, donde la llegada del Partido Socialista a la Generalitat no había removido los cimientos de ésta tras 23 años de pujolismo en la región.

El pacto del Partido Popular de Cataluña con CiU con el fin de aprobar los presupuestos de la Comunidad fue aprovechado por Ciudadanos, tras su tortuoso inicio como partido al asociarse con Libertas en sus primeros comicios europeos, para tratar de aglutinar a aquellos votantes populares desencantados. El salto a la arena de la política nacional trató de hacerse aliándose con UPyD, pero tras el rechazo de Rosa Díez, Albert comenzó su trayectoria en solitario. En la actualidad goza de 32 escaños en el Congreso de los Diputados y de 25 en el Parlament.

En rasgos generales, ambos partidos buscaron su hueco en el panorama político del país a raíz de la pérdida de legitimidad de nuestros dirigentes. Su proyección nacional tuvo lugar en 2015, durante las elecciones municipales y autonómicas. El año anterior, la ESE mostró el descontento de la población española con el funcionamiento de la democracia.

En 2014, Podemos y Ciudadanos entraron a formar parte de la ESE. Aquellos votantes más disconformes con el gobierno del país dieron un voto de confianza a los nuevos partidos. Podemos se alzó como el partido preferido por aquellos que más se oponían a la gestión del ejecutivo. Ciudadanos se repartía de una manera más homogénea entre los votantes. Resulta llamativo que aquellos más conformes con el sistema fueran votantes del PP y de alguna manera, la formación con la que más se identificaron fue Ciudadanos.

Las dos formaciones que acabaron con el bipartidismo deciden no posicionarse dentro de la escala ideológica. Ni Podemos es de izquierdas, ni Ciudadanos es de derechas (o eso dicen). Podemos ha buscado en todo momento la transversalidad, alegando que esta discusión está totalmente alejada de las necesidades de los votantes. Su política se centra en la lucha de los de abajo contra los de arriba, los privilegiados. Ciudadanos, por su parte, busca el pragmatismo aunando en su formación ideas de diferente signo político siempre que sean eficientes desde el punto de vista económico. Su ideología es de corte liberal, algo realmente novedoso desde la época de Adolfo Suárez.

¿La abolición del bipartidismo comienza por acabar con el eje izquierda-­‐derecha?

 Desde los años noventa en España se ha descubierto que quien gana el centro, gana las elecciones (Torcal y Medina, 2002; Barreiro, 2007; Santamaría y Criado, 2008; Torcal, 2011). Los esfuerzos de los diferentes partidos se han centrado en moderar sus propuestas con el fin de hacerse con un centro flotante. Sin embargo, la ideología es el modo que tienen los votantes para posicionarse sobre las diferentes propuestas ante las que no tienen una opinión formada.

Sin embargo, en el texto de Lucia Medina ‘Izquierda y derecha en España. Un estudio longitudinal y comparado’ se formula la extendida creencia de una mayoría natural de centro-­‐ izquierda en España. La ESE en 2014 lo confirma aunque el partido en el poder en ese momento fuese el Partido Popular; poniendo en duda tal opinión mayoritaria.

Los continuos casos de corrupción del Partido Popular a lo largo y ancho del país así como los del Partido Socialista beneficiaron a las nuevas formaciones. Muchos votantes del PP huyeron con la formación naranja y Podemos se benefició de la crisis interna del PSOE para aglutinar a gran parte de sus votantes en lo que casi fue un sorpasso durante las elecciones generales del pasado año.

Pese a los esfuerzos de estas dos formaciones, de alejarse de las discusiones que han acaparado la escena política española desde tiempos inmemoriales, los dardos de la opinión pública se han centrado en desacreditar a Podemos por su afinidad al chavismo y a Ciudadanos, por tratarse de  la  muletilla  del  Partido  Popular.  Las  problemáticas  derivadas  de  la  discusión  izquierda-­‐ derecha no son cosa del pasado.

 

Bibliografía: