Adriana Gañán Terrón.

#Voto

#Inmigración

#Euroescepticismo

#ExtremaDerecha

Miles de personas indefensas llegan a la Unión Europea (UE) con el objetivo de solicitar asilo. Nuestra obligación es tanto legal como moral. Esta situación acarrea graves consecuencias sobre los diferentes países miembros por los que los migrantes transitan. Entrando desde Italia o Grecia buscan alcanzar los países más punteros de la Unión, como Alemania o nuestro vecino en el norte, Francia. Para ello deben cruzar otros como Eslovenia o Austria con el fin de alcanzar su destino. El espacio Schengen supone que las personas pueden circular libremente en las fronteras interiores. Sin embargo, países como Hungría han introducido nuevos controles en sus fronteras con otros Estados Miembros.

Las diferencia entre el asilo y la condición de refugiado reside en que esta última se logra mediante la respuesta afirmativa sobre la petición de asilo, al confirmarse la existencia de un temor fundado de persecución por motivos de religiosos, raciales, políticos o de pertenencia a una minoría. En atención a las estadísticas oficiales de la UE, la crisis de los refugiados comenzó en 2012. Ese mismo año se recibieron más de 21.000 peticiones de asilo sirias, encabezando en todo momento las solicitudes por encima de cualquier otra nacionalidad. No obstante, esta cifra no coincide con la cantidad real de ingresados en la Unión dicho año, pues países como Bélgica y Dinamarca denegaron todas las peticiones sirias. Caso similar el de Chipre, que las rechazó por segunda vez argumentando que la situación del país oriental no justificaba una nueva evaluación.

En atención a las estadísticas oficiales de la UE, la crisis de los refugiados comenzó en 2012. Ese mismo año se recibieron más de 21.000 peticiones de asilo sirias, encabezando en todo momento las solicitudes por encima de cualquier otra nacionalidad. No obstante, esta cifra no coincide con la cantidad real de ingresados en la Unión dicho año, pues países como Bélgica y Dinamarca denegaron todas las peticiones sirias. Caso similar el de Chipre, que las rechazó por segunda vez argumentando que la situación del país oriental no justificaba una nueva evaluación.

En 2012, inicio de la crisis migratoria, la posición más reacia a la recepción de inmigrantes fue la chipriota, en
consecuencia con las medidas de su gobierno. También es elevado el número de encuestados que no permitirían a unos pocos su ingreso en el país. En la misma línea se encuentra Hungría. Dinamarca es el país de Europa occidental más reacio a la libre llegada de inmigrantes.

Los veintiocho no dieron una respuesta conjunta a la problemática existente y sus medidas fueron muy heterogéneas, según Humans Right Watch. Alemania y Suecia recibieron la mayoría de estas peticiones, por la protección automática de la que gozan los ciudadanos sirios. En oposición, en Grecia fueron casi 10.000 los llegados y sólo seis se beneficiaron de estas medidas de protección. Aunque la mayoría de los Estados suspendieron las deportaciones, Grecia deportó y Reino Unido trató de hacerlo. La maquinaria legal empleada fue el reglamento de Dublín II, el cual permitía el envío de las personas solicitantes de asilo al primer país de la Unión que legaron, con la posibilidad de que esto retrasase el acceso a las medidas de protección.

La UE y Turquía negociaron en 2016 un cambio en la gestión de la crisis de los refugiados para tratar de poner una solución a la masiva llegada de inmigrantes al continente. Sin embargo, se trata de un parche incapaz de solventar la crisis humanitaria más grave desde la Segunda Guerra Mundial, en palabras de la Organización de las Naciones Unidas. Lo que se ha bautizado como ‘el pacto de la vergüenza’ consiste en la devolución a Turquía de ciudadanos sirios que de manera ilegal llegan al país heleno. En contrapartida, la UE se compromete a traer desde Turquía a un número de refugiados sirios, que gocen de esta condición, equivalente al de expulsiones.

Gracias a estas medidas se llegaron a frenar en un 98% las llegadas de ilegales a costas griegas, así como las muertes en el Mar Egeo. Sin embargo, desde organizaciones como Amnistía Internacional se ha criticado la actitud de los Estados Miembros al confiar en Turquía para la gestión de la situación, pues este país no cuenta con un estatuto de refugiados para las personas de dicha nacionalidad ni una eficaz gestión de las peticiones de asilo. Además, tampoco se garantiza el principio de no devolución. Mientras estas peticiones son procesadas, los inmigrantes son internados en auténticos centros de detención a la espera de las respuestas de los organismos gubernamentales. En contrapartida, se abre la veda a una futura adhesión turca a los veintiocho, así como la inyección de 3.000 millones de euros para la asistencia los refugiados, además de una liberalización de visados para los nacionales turcos.

Turquía, por su parte, entrega un asilo temporal mientras el Alto Comisionado estudia su solicitud. En este plazo deben vivir en alguna de las 30 “ciudades satélite” que existen en el país. Cuando se emite la resolución, o bien se les concede la condición de refugiado (aunque no sea comunitario) o se les deniega la petición de asilo y tienen que abandonar Turquía. Muchos solicitantes esperan durante meses y años, llegando a arriesgar su vida para entrar de forma ilegal al continente. Si son detenidos cuando están intentando abandonar el país se enfrentan al riesgo del retorno forzado. Esto se podría evitar con un letrado pero existen muchos impedimentos para los refugiados puesto que no con cuentan con asistencia jurídica gratuita y carecen de recursos para pagar los honorarios de un letrado.

La UE mediante este pacto decidió escurrir el bulto y derivar la problemática a un tercer país. La gestión hecha por los veintiocho ha dado lugar a diferentes opiniones. Desde diferentes organizaciones humanitarias se cuestiona desde el punto de vista moral lo acordado con Ankara. La confianza en un país ausente de garantías para los refugiados supone un cuestionamiento directo a los Derechos Humanos. En algunos países de nuestro entorno, la gestión de los gobiernos y la llegada masiva ha levantado ampollas, situación que ha sido aprovechada por partidos ultranacionalistas con la islamofobia por bandera. En Alemania, el país que más peticiones de asilo había recibido (más de 1 millón en 2015), el ingreso de AfD en el Bundestag supone el ascenso del primer partido de corte xenófobo desde la Segunda Guerra Mundial.

La última ola de la ESE nos ofrece datos sobre muy pocos países. Entre ellos Alemania, donde se refleja la negativa de la población alemana a una mayor solidaridad de los gobiernos respecto a la concesión de asilo. Otros países del
este de Europa han respondido en bloque a las exigencias de la adopción de refugiados impuestas desde Bruselas. República Checa está totalmente en contra de una mayor benevolencia en la concesión de asilo.

¿Y vosotros, creéis que la posición adoptada por la UE y los Estados Miembros es la correcta?

 

Bibliografía: