Diana Girón.

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El debate sobre la inmigración no es un debate nuevo, sino que se ha repetido en numerosas ocasiones en nuestra historia reciente. Parece que, de nuevo, estamos en un momento en el que la inmigración ha captado la atención tanto de políticos como de ciudadanos. En el contexto de la Unión Europea esto cobra especial relevancia ya que desde sus instituciones se han aprobado políticas que promueven activamente la inmigración y que, como consecuencia de ello, se han topado con la oposición de algunos de los países miembros (keller 2016). El caso de Gran Bretaña merece especial atención ya que durante la campaña del Brexit uno de los argumentos principales utilizados por quienes abogaban por su salida, fue que la salida de la Unión Europea permitiría tener un mayor control respecto a la entrada de inmigrantes procedentes del resto de países miembros (Wadsworth, y otros 2016).

Cuando hablamos de inmigración podemos estar refiriéndonos o bien a inmigración procedente de países de la Unión Europea o bien, de países no miembros. Dado que en 2014 comenzó la que se conoce como crisis de refugiados uno podría pensar que la (Exposing Ukip 2014) preocupación de los países europeos sería mayor respecto de los inmigrantes procedentes de países no miembros de la Unión Europea, sin embargo, el caso británico es un ejemplo de los países en los que los niveles de preocupación respecto a ambos tipos de inmigración en 2014, era bastante similar (Blinder y Allen 2016). En ambos casos, la preocupación tiene un denominador común; la percepción de amenaza. Dentro de la percepción de amenaza, se ha venido distinguiendo entre: política, social o cultural y económica (keller 2016). También y como consecuencia de los atentados terroristas sufridos en los últimos años, la seguridad nacional aparece como uno de los factores que influyen en la percepción de la inmigración como una amenaza. En el caso del brexit, donde algunos señalan la inmigración como su causa principal, la amenaza percibida por sus defensores giraba fundamentalmente en torno a la preocupación por sus puestos de trabajo, sus salarios y, por ende, su calidad de vida, por lo que principalmente tenía un componente económico (Wadsworth, y otros 2016).

Como vemos en ambos gráficos la mayoría de los encuestados se sitúan en el 5 lo cual nos indica que gran parte de los británicos tenía una opinión moderada al respecto. Sin embargo, es significativo que, en ambos casos, en torno al 20% está de acuerdo con que, por un lado, los inmigrantes les quitan puestos de trabajo y por otro, que, en términos de impuestos y servicios, los inmigrantes se benefician más del país de lo que aportan al mismo. Por tanto, de aquí podemos extraer que en 2014 un fragmento minoritario pero significativo de la población británica tenía una percepción negativa de los inmigrantes en lo que a las variables citadas se refiere. Además, en los resultados de la encuesta social europea también de 2014 observamos que cuando se les pregunta a los encuestados sobre los inmigrantes con preguntas que se refieren a la cultura y la seguridad, las respuestas que se sitúan en el extremo negativo también son significativamente superiores a las que se sitúan en el extremo contrario.

Junto con los factores ya analizados, es importante que prestemos atención al papel de los partidos políticos como canalizadores del sentimiento anti-inmigración. En ocasiones, los partidos políticos aparecen como instrumentos de apoyo de las élites que los utilizan para moldear los sentimientos respecto al nacionalismo y la inmigración, “esto es un ejemplo de una cita que citó Keller (como se citan en (keller 2016)”. En el caso británico, sin embargo, las élites políticas y sociales confrontan con las posiciones de una parte importante de los votantes, concretamente de los que se conoce como “left-behind” que perciben el cambio social reciente, como una amenaza para los valores, maneras de vivir y la comunidad nacional en su conjunto (Ford y Goodwin 2014). Pues bien, el partido que supo captar a esos votantes, y que abanderó en Reino Unido el sentimiento anti-inmigración fue el UKIP, donde destaca la figura de uno de sus fundadores, Nigel Farage. Los resultados que obtuvieron en las elecciones europeas de 2014, donde ganaron, indicaban la fuerza con la que se había alzado este partido de derecha populista británico, que por primera vez desbancaba al partido Conservador y al Laborista de la cabeza de unas elecciones con alcance nacional (Ford y Goodwin 2014).

Puesto que el UKIP es un partido euroescéptico, si en 2014 fue el partido más votado en las elecciones europeas en Reino Unido, cabría esperar que una parte importante de los británicos al ser preguntados sobre si la unificación de la Unión Europea debería ir más allá o si había llegado demasiado lejos, se identificara con la primera afirmación.

Como podemos ver en el gráfico, elaborado a partir de datos de la Encuesta Social Europea de 2014, se confirma tal circunstancia, ya que más del 30% considera que se ha ido demasiado lejos con la unificación europea. Por el contrario, aquellos que creen que la unificación debería continuar avanzando se sitúan en torno al 5%. La opción mayoritaria, sin embargo, vuelve a ser el 5.

Por tanto, como hemos visto, el caso británico es un ejemplo de un país que, siendo miembro de la Unión, en los últimos años, comenzó a desarrollar un sentimiento en contra de la Unión Europea como consecuencia entre otros factores, de un marcado sentimiento anti-inmigración. Este rechazo se centró en la inmigración procedente de la UE y pese a que aparecía en todos los niveles, destacaba la preocupación en el ámbito económico. Gran parte de los británicos señalaba a los inmigrantes como culpables de la acentuada bajada de salarios que sufrieron (Tilford 2016) y otra parte importante pensaba que los inmigrantes les quitaban los puestos de trabajo. El euroescepticismo y la confrontación con la inmigración están presentes en partidos políticos de muchos otros países miembros de la UE, por lo que en los próximos años comprobaremos si se produce o no un efecto contagio.

 

Bibliografía:

  • Blinder, Scott, y W.L. Allen. «UK Public Opinion Towars Immigration: Overall Attitudes and Level of Concern.» The Migration Observatory at the University of Oxford, 2016.
  • European Social Survey. 2014. http://www.europeansocialsurvey.org/
  • Exposing Ukip. 12 de octubre de 2014. https://exposingukip.wordpress.com/tag/gerard-batten/
  • Ford, R., y M Goodwin. «Understanding UKIP: Identity, Social Change and the Left Behind .» The Political Quarterly , 2014.
  • keller, Carolyn Smith. «Elections and Anti-Immigrant Sentiment in the European Union .» Attitudes towards immigration: change over time . Laussane , 2016.
  • Tilford, S. «Centre For European Reform .» 2016. https://www.uk.com/
  • Wadsworth, J, S Dhingra, G. Ottaviano, y J. Van Reenen. «Brexit 2016 Policy analysis from the Centre for Economic Performance.» The London School of Economics and Political Science, 2016.