Miren Marzabal Marijuan.

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#España

En enero de 2003, Blas Piñar, el que fuera fundador de Fuerza Nueva y diputado de Unión Nacional en el Congreso de los Diputados tras las elecciones de 1979, pronunció un discurso en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid, en el que vaticinó lo siguiente: “España, con el Partido Popular, será el primer Estado homosexual del planeta”. Más allá de lo anecdótico de esta afirmación, se pone de manifiesto la percepción de la extrema derecha del PP como un partido progresista. Como se verá a continuación, el contexto actual, tanto nacional como internacional, parecería ser el adecuado para la aparición de una formación de estas características en España, pero esto no ha llegado a producirse. Por lo tanto, en este estudio trataremos de aclarar las causas que han impedido la aparición de una fuerza política de ultraderecha en España.

Para comprender este fenómeno, en primer lugar, realizaremos un repaso a los puntos comunes de la extrema derecha europea; a continuación, estudiaremos la trayectoria de los partidos de extrema derecha en España y, finalmente, nos centraremos en las posibles causas de esta “no aparición”, dando preeminencia al papel del Partido Popular como aglutinador de esta ideología en el contexto español.

Adoptando una perspectiva comparada cabe destacar, en primer lugar, que el surgimiento de partidos de extrema derecha, a pesar de ser profuso y diverso, tiene una serie de rasgos compartidos. Hemos centrado el estudio en los países más cercanos, no sólo geográfica, sino también políticamente a España, descartando otros como Hungría o Polonia, cuyas estructuras democráticas más recientes e inestables originan el riesgo de un viraje autoritario capitaneado por la extrema derecha, dando lugar a una situación que requiere un análisis diferenciado. Así, mediante el estudio del Frente Nacional en Francia, la Liga Norte (y otros como el Fratelli d’Italia o Casa Pound) en Italia, Alternativa por Alemania en Alemania y Amanecer Dorado en Grecia, podemos determinar ciertas tendencias compartidas por estos movimientos (Casals, 2017; Delle Donne, 2016; Rodriguez Aguilera, 2018).

Respecto de la situación que ha originado, o favorecido, no tanto su aparición, sino su ascenso, podemos hablar de una crisis económica que ha derivado en una crisis política de descontento y desafección ciudadana. La respuesta insuficiente de los partidos tradicionales originó la apertura de un nuevo espacio político de captación de voto proveniente de los más castigados por la crisis económica, que compartían una percepción general de abandono por parte de las élites políticas, generando desconfianza no sólo a dichas élites, sino a la democracia en su conjunto (Halikiopoulou, Vasilopoulou, 2018). Ante esta crisis de representatividad, la ultraderecha europea adopta una estrategia neo-populista, buscando la identificación con la ciudadanía trabajadora y logrando captar altos porcentajes de voto obrero. Estos partidos se posicionan claramente en contra de la globalización y la ideología neoliberal, que se expresa en un profundo anti europeísmo y en un despliegue de posturas xenófobas y contra la inmigración (centradas, principalmente, en el Islam). Buscan señalar culpables en los que concentrar la “indignación” de esa parte de la población que se percibe a sí misma como marginada, aglutinando el voto de los sectores más vulnerables, con un discurso identitario característico del populismo: un “nosotros” puro (los ciudadanos nacionales) frente a un “ellos” impuro (los extranjeros) (Morillas, 2017; Plaza Colodoro, 2017).

Pero, además, también es importante considerar el papel de la derecha tradicional en esta cuestión: con la consolidación de la socialdemocracia los partidos de la derecha más tradicional se han centralizado, adoptando posturas más moderadas y conciliadoras. Esto ha abierto un espacio en la escala ideológica, que ha sido ocupado por la extrema derecha, generando, a su vez, un condicionamiento del resto de formaciones (principalmente en la derecha tradicional), ya que, mediante la polarización de temas y el despliegue de estrategias populistas, han obligado al resto a adoptar posturas más extremas, ante el miedo a que su electorado se vea atraído por estos nuevos partidos

Por lo que respecta al caso español encontramos que los partidos de extrema derecha surgidos en la democracia han sido escasos y no han tenido resultados electorales muy relevantes. El único candidato de un partido considerado de extrema derecha que obtuvo representación parlamentaria fue Blas Piñar, como candidato de la coalición Unión Nacional, dentro de la que se encontraba su partido Fuerza Nueva, en las elecciones de 1979 (con el 21% de los sufragios). Por su parte, la Falange Española de las JONS no ha logrado resultados electorales relevantes desde que se presentó en coalición con Fuerza Nueva en 1979, a pesar del repunte que experimentó en las elecciones de 2015, triplicando su tasa de voto, pero aún insuficiente para alcanzar representación parlamentaria (Jiménez, 1991). Estas dos serían las fuerzas políticas de extrema derecha que, derivando directamente del franquismo, y a pesar de ciertos intentos de desvinculación, tenían afán de continuar con los principios del régimen (Casals, 2017).

Existen, además, otras coaliciones de extrema derecha, aunque con una representación muy escasa y restringida al nivel municipal, sin que ningún partido logre porcentajes de votos relevantes a nivel nacional. Destaca España 2000, partido con rasgos de fuerte nacionalismo y xenofobia, que en las elecciones municipales de 2015 obtuvo cierta representación (Alsedo, Herrainz; 2015) y el nivel regional catalán, Plataforma per Catalunya, con una fuerte postura anti-independentista y nacional populista, también ha obtenido representación (Maiol, 2015).

Como excepción cabe destacar la formación VOX, que tiene una mayor proyección a nivel nacional. Así, en las elecciones europeas de 2014 obtuvo 244.929 votos (1,56% del total), quedando a 50.000 de obtener representación. Pero las encuestas le auguran buenos resultados en las próximas elecciones europeas, prediciendo algunas de ellas que podría llegar a obtener representación. Otras encuestas, como la realizada por SocioMétrica muestran que incluso tiene posibilidades de obtener un escaño en el Congreso. Aventurando las razones de este éxito relativo, estas podrían estar ligadas a una imagen más actualizada y renovadora y a una estrategia más moderada, aunque parezca contradictorio, respecto al resto de partidos de extrema derecha.

Y así llegamos a la cuestión central del estudio: ¿cuáles son las causas que han impedido el surgimiento de un partido fuerte de extrema derecha en España? Es necesario tener en cuenta una gran cantidad de factores: la herencia autoritaria del franquismo, las barreras del sistema electoral a la entrada de nuevos partidos, el hecho de no tener una inmigración de origen musulmán fuerte o la aparición reciente de Podemos, un partido de izquierdas que ha funcionado como aglutinador del voto descontento (Casals, 2014; Casals, 2017). Pero, a pesar de la gran importancia que tienen estas cuestiones, la que parece más central y relevante es la existencia de un partido tradicional con una posición fuerte en el sistema de partidos y sin competidores en la derecha del espectro político durante más de dos décadas: el Partido Popular (Penadés, 2014).

A pesar de que el PP haya experimentado una moderación progresiva en sus políticas, esto no ha implicado que se haya abierto un espacio electoral a su derecha. Esto puede significar, por una parte, que no existe una demanda de este tipo de partidos: en el barómetro del CIS de febrero de 2018 sólo el 1,2% de los encuestados se situó en el 10 y el 1,4% en el 9 (las posiciones que se consideran extrema derecha), por lo que, en base a este dato, el electorado español con estas características es realmente escaso. Por otra parte, son precisamente estas personas que se sitúan en la extrema derecha las que muestran un porcentaje de fidelidad al PP mayor que el resto de sus votantes (89%). Por lo tanto, aunque se puede afirmar la existencia de un restringido electorado de extrema derecha en España, no se puede, por el contrario, hablar de una demanda de partidos de esta ideología (Galindo, 2017).

Este fenómeno, por curioso que pueda resultar, tiene varias explicaciones. Por una parte, aunque la trayectoria de moderación del PP ha sido relativamente progresiva, dicho partido llegó a mantener posturas cercanas a las sostenidas por la ultraderecha española en temas como el aborto o el matrimonio homosexual, al igual que anteriormente con el divorcio o los anticonceptivos. Ahora bien, una vez establecidos y normalizados en la sociedad el PP ha ido adaptándose, mostrando un silencio aquiescente. Por otra parte, el hecho de que la inmigración en España no resulta excesivamente problemática, ya que además de ser menor (5,8 millones de inmigrantes viven en España, frente a los 12 de Alemania y 7,8 de Francia), está más integrada, puesto que la mayoría son inmigrantes de habla hispana con rasgos culturales y lingüísticos menos contradictorios con los nuestros (M. G. M., 2017). Ello ha tenido un doble efecto: la escasa necesidad de los partidos de pronunciarse sobre la cuestión, pudiendo mantener, especialmente el PP, posiciones ambiguas; y la falta de demanda de la ciudadanía de tomar medidas al respecto y, por lo tanto, la imposibilidad del surgimiento de un populismo que enfrente a nacionales y extranjeros como en otros países europeos.

Como última cuestión en relación con el PP y la ultraderecha, cabe destacar la ambigua relación que la formación mantiene con el franquismo. Ha rechazado sistemáticamente propuestas ligadas a la Ley de Memoria Histórica, como la identificación de cuerpos enterrados en las cunetas o la retirada de estatuas o nombres de calles, desde una posición reticente a remover el pasado. Esto puede explicarse a partir de los orígenes del PP en Alianza Popular, fundada por el que fuera ministro franquista Manuel Fraga. Esta formación busca el apoyo del sector de votantes correspondientes al que podemos denominar “franquismo sociológico”, es decir, personas satisfechas con la dictadura, que se oponían a grandes cambios. Esto, como es obvio, provocó una profunda erosión en el voto de la derecha.

Finalmente, y resultando paradigmático de todo lo que se ha dicho anteriormente, cabe destacar la siguiente noticia: el PP se propone implantar una asignatura destinada al fomento del “espíritu nacional” en la que se estudiarán cuestiones como el himno de las Fuerzas Armadas o la lista de enemigos de España (entre los que se encuentran los inmigrantes) (Galup, Gonzalez, Del Castillo, 2018). Con este tipo de medidas se pone de manifiesto, y nos permite concluir, que la falta de una extrema derecha en España se debe, principalmente, a que ese espacio ideológico ya está cubierto.

 

BIBLIOGRAFÍA:

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