Carlota Terrado Herrero.

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Según datos de las octava ola de la Encuesta Social Europea (ESS) las mujeres presentan menos propensión o interés por temas políticos o de agenda pública que los hombres, lo que puede suponer un indicio de la existencia de un sesgo de género en la desafección política, la cual está a la orden del día en los contexto políticos y sociales de todo el mundo.

Frente al creciente distanciamiento de la ciudadanía respecto a sus líderes y representantes político, junto con el aumento de la desconfianza, resulta imposible negar la existencia de una nueva actitud ciudadana hacia todo lo relacionado con el ámbito político, la desafección (Sandra León, El diario, 2013). Este, no tan nuevo, fenómeno político se debe en gran medida a la crisis económica mundial, al aumento de casos de corrupción o a la falta de identificación partidistica e ideológica por parte de la población. Los más jóvenes y estudiantes presentan mayor desafección (El Diario, 2013), ya que al pertenecer a otra generación o cohorte sus preferencias y valores difieren de los establecidos por los partidos más tradicionales.

Centrándonos en el caso concreto de las mujeres, observaremos como sus niveles de interés por la política son inferiores a los de los hombres (ESS, 2016), lo que puede asociarse, junto con los factores anteriormente mencionados, con una falta de confianza por el sistema político, el cual no representa sus interés ni lucha por la igualdad salarial, laboral e incluso social. La falta de políticas públicas destinadas para alcanzar la paridad en todos los niveles brilla por su ausencia, lo que explica que los resultados recogidos por el CIS. Dicho documentos argumentan que la desafección ha crecido con la llegada de Mariano Rajoy, frente a la candidatura de Zapatero, hecho que asociamos a la falta de políticas públicas relevantes que afecten de forma directa a las mujeres, como el aborto (Montero y Torcal, El País, 2013).

Aun existe una gran diferencia en la participación efectiva en las organizaciones (Pablo Castaño, El Diario, 2016) y las políticas de paridad no han tenido un gran impacto (el 88% de los alcaldes siguen siendo hombres. P. Castaño, 2016).
No debemos olvidar que la realidad social se refleja en las políticas públicas y en la agenda política, implicando que el machismo latente motivara al crecimiento de la desafección por parte del colectivo de mujeres dentro de la sociedad. Los prejuicios machistas siguen existiendo, quedando plasmado en que el 20% de la población española sigue pensando que los hombres son mejores lideres que las mujeres (Pablo Castaño, El Diario, 2016).

El primer gráfico nos muestra la existencia clara de una gran diferencia entre el interés político por parte de las mujeres que de los hombres. Observamos que mientras el grado de apego por la política nacional desciende, asciende el porcentaje de mujeres afín a esa tendencia. En contraposición las actitudes de los hombres convergen por completo, al tener estos una gran disposición en el interés de temas políticos. Estos resultados podrían explicarse por la ausencia de políticas públicas destinadas a la paridad o aquellas cuyo fin reside en alcanzar la igualdad salarial.

Comparando el nivel de interés político con la participación electoral de las últimas elecciones nacionales, representado en el segundo gráfico, apreciamos que la intervención femenina no difiere de manera significativa con la de los hombres. Dentro de la categoría de ciudadanos más interesados por la política, los datos entre ambos géneros resultan prácticamente iguales. Ante esto cabe preguntarse si de verdad el género es un factor explicativo en la creciente desafección política de la sociedad.

Atendiendo a los resultados nos encontramos ante una paradoja, la cual muestra como a pesar del bajo interés por la política por parte del colectivo femenino de la población, las mujeres participan considerablemente más que los hombres en las elecciones. Esto puede deberse a la privación histórica de la mujer al voto y la tardanza de este en convertirse universal, hecho que hace de esta acción un deber social para ellas.

Sirviendo de resumen, diremos que las mujeres muestran niveles inferiores de interés por la política frente a los hombres lo cual no resulta sorprendente por muchas razones. En primer lugar el número de puestos, dentro de la Administración General del Estado, ostentados por mujeres, los cuales rara vez supera el 30%, según fuentes del Instituto de la Mujer y para la igualdad de oportunidades. En segundo lugar el número de víctimas por violencia de género asciende a 43 en lo que va de año 2017, suponiendo una alarma social poco escuchada por los partidos y líderes políticos. Antes esto, cabe preguntarse ¿Debería una mujer confiar en un sistema político ciego ante un tipo de violencia que le afecta directamente?¿Es comprensible la creciente desafección ante estas actuaciones?
El techo de cristal también supone un impedimento, el cual no ha podido solucionarse a pesar de las medidas de paridad aun poco numerosas y relevantes.

En última instancia, cabe destacar la paradoja a la que nos enfrentamos, ya que a pesar de la falta de interés por la política, las mujeres muestran mayores índices de participación a nivel electoral ¿Es una forma de reivindicar su posición en el sistema político o es el simple ejercicio de un deber social?

Bibliografía: