Ignacio María Hernández Suárez.

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España se convirtió, en el año 2005, en el cuarto país del mundo en reconocer el derecho al matrimonio a parejas del mismo sexo, en las mismas condiciones que el correspondiente a los heterosexuales. Así, también se permitía la adopción a este colectivo. Esta ley no se aprobó de cualquier manera: contó con una mayoría absoluta del Congreso (187 votos a favor), lo cual, por otra parte, resultaba necesario para hacer inútil el veto que, una semana antes, había propuesto el Partido Popular en el Senado.

En la actualidad nuestro país se encuentra en la vanguardia mundial, no solo a nivel legislativo, sino también social, en cuanto a la aceptación de la homosexualidad. Hemos vivido una evolución histórica muy relevante, marcada por la importancia del cristianismo durante gran parte de nuestra Historia. Así, antiguamente se consideraba que la sexualidad tenía como único fin la reproducción. Toda actividad alejada dicho objetivo era considerada inmoral, siendo por lo tanto prohibida. Esta concepción llegó al nivel de castigarse la sodomía como una traición al país, teniendo como pena la muerte en la hoguera. Posteriormente, la Ilustración subrayó la importancia de la garantía de las libertades individuales, lo que culminó con la destipificación de este delito. No obstante, el período franquista supuso un claro retroceso, que, tras muchos años de progresivo avance, culminó con la mencionada aprobación del matrimonio homosexual.

En cuanto a nuestro contexto continental, es conocido que en las últimas décadas se ha producido un fenómeno de “privatización” de la religión, ligado al descenso de los indicadores de creencias y prácticas religiosas en Europa. Este proceso de secularización, en palabras de Cordero, “ha alcanzado cotas no comparables a las de otras regiones del mundo”. Sin embargo, según este, no se puede afirmar que la religión esté encaminada a dejar de ser un factor explicativo del voto.

Como ya sabemos, en nuestro país el Partido Popular fue, de entre los partidos principales, el principal opositor a la aceptación de la homosexualidad. Cabría estudiar a partir de esta afirmación si aquellos votantes que se identifican como religiosos optan por el PP en las urnas. En el caso de que el resultado fuera positivo, podríamos analizar si dicha relación puede ser explicada por un alineamiento con las preferencias políticas concretas (en este caso, la homosexualidad).

Para comprobar este planteamiento hemos escogido las elecciones generales de 2014. También hemos entendido que en España, un país en el que no hay partidos religiosos en un sentido estricto (al contrario que en otros como Alemania con el partido Democristiano), el PP puede ser categorizado de esta manera, debido a su firme oposición al matrimonio homosexual, en concordancia con los postulados de la Iglesia Católica. De esta manera, el resto de formaciones políticas relevantes en el año 2014 (PSOE, CiU, IU) se entienden como no religiosas.

En cuanto a nuestra otra variable, la religiosidad, tras haberla recodificado, hemos entendido que aquellos que se situaban entre el 0 y 4 no podían ser considerados como religiosos, al contrario que los que han posicionado entre el 5 y el 10.

Atendiendo a los resultados obtenidos, parece claro que, en primera instancia, se cumple lo previsto. Por un lado, aquellos votantes que se identifican como religiosos se sienten inclinados a votar a partidos religiosos (62,3%), frente a los que votan a los otros partidos (37,7%). Por el otro, aquellos ciudadanos que se consideran a sí mismos como no religiosos votan, con una abrumadora diferencia, por partidos no religiosos (un 72,2%), en contraposición al 27,8% que se decanta por partidos religiosos. De este primer análisis podemos destacar que ambas posiciones se confirman, si bien es cierto que es significativamente mayor el porcentaje de no religiosos que votan a
partidos no religiosos.

A los efectos que nos interesan, parece claro que los votantes que se declaran religiosos votan al Partido Popular. Una vez comprobado este extremo, podemos dar un paso más allá, para intentar estudiar si, al hilo del tema introducido, este voto de los españoles religiosos se identifica con una alineación con sus ideas sobre la homosexualidad.

Para ello hemos introducido la cuestión sobre la aceptación de la homosexualidad, dividiendo la muestra en liberales, conservadores y, debido a la relevancia del número de casos, aquellos que no están ni a favor ni en contra, ya que excluirlos supondría perder un factor de análisis importante.

A la vista del gráfico, los datos no nos dejan lugar a dudas. Una amplísima mayoría de los votantes conservadores (que están en desacuerdo con el reconocimiento de la homosexualidad) votan a favor del Partido Popular, mientras que el 55,8% de los liberales, que están a favor de dicha idea, votan a partidos no religiosos, como el PSOE. Llama la atención el hecho de que un 44,2% de los votantes liberales se hayan decantado por votar al Partido Popular. Por otro lado, no podemos olvidarnos de nuestra tercera categoría, la de aquellos que no se pronuncian ni a favor ni en
contra. Respecto de estos, resulta cuanto menos reseñable el hecho de que un 68,2% hayan optado por votar al PP. Probablemente, si bien no podemos inferirlo a simple vista, no hayan querido declarar abiertamente su oposición a la posibilidad de aceptar la homosexualidad, aunque también cabe la posibilidad de que no hayan votado al PP por un componente religioso.

Por lo tanto, y en conclusión podríamos considerar que en España los votantes que se definen como religiosos optan en las urnas por aquellos partidos que tienen un componente religioso, o cuyos votantes identifican de esta manera, y viceversa. Además, se puede apreciar como en España los votantes se pueden alinear con preferencias políticas concretas, como ha sucedido en este caso con los votantes conservadores y la homosexualidad. Por otro lado, resulta destacable el hecho de que la gran mayoría de aquellos que no se posicionan ni a favor ni en contra de la aceptación de la homosexualidad, han preferido al PP en las urnas, lo que, probablemente, esconda un fenómeno de voto oculto.

 

Bibliografía:

  • Cordero, Guillermo. (2014). Religiosidad y voto en 34 democracias europeas. Revista Española de Ciencia Política. Núm. 34.
  • Montero, Calvo y Martínez. (2008). El voto religioso en España y Portugal. Revista Internacional de Sociología.
  • Montero, José Ramón. (1994). Religiosidad, ideología y voto en España. Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), Núm. 83.
  • Homosexualidad en España. (s.f.). En Wikipedia.
  • Ordaz, Pablo. (2017). “España es el país más tolerante con la homosexualidad”. Madrid. El País. https://elpais.com/cultura/2017/05/13/actualidad/1494684967_725435.html
  • Autor desconocido. (2015). “El Congreso aprueba la ley del matrimonio homosexual”. Madrid. El País. https://elpais.com/sociedad/2005/06/30/actualidad/1120082402_850215.html