Gonzalo Vázquez Fragua.

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El interés por la política en España ha sido siempre más bajo que en otros países como de nuestro entorno. En los últimos años se ha podido observar un crecimiento de este interés producido, entre otros factores, a la mediatización y la desorbitada cobertura televisiva de los acontecimientos políticos en nuestro país. Nos hemos transformado en teleadictos de la política.

Uno de los elementos centrales en cualquier sistema político moderno es la comunicación política y la rendición de cuentas de los representantes con sus ciudadanos (accountability). Ya Tocqueville, cuando analizaba “La democracia en América”, hablaba sobre el desentendimiento de los ciudadanos de los asuntos para dedicarse de lleno a sus cuestiones privadas. Daban la libertad a los representantes para decidir por ellos a través de un mandato representativo. Así nacía la democracia representativa, y así moría el “Zoon Politikon” que describía Platón.
Pero en los últimos años estamos viviendo un resurgimiento del interés por la política en la sociedad española, que se ha situado en cifras jamás alcanzadas desde que se tienen datos. ¿Cuáles son las causas de este crecimiento? ¿Son hoy los acontecimientos políticos más importantes que hace una década? ¿Cuál ha sido el papel de los medios y de las redes sociales en éste proceso? ¿Hemos cambiado como sociedad?. El interés por la política ha sido examinado en numerosos artículos académicos y periodísticos, pero pocos son aquellos que enumeren los factores principales que influyen en las variaciones de éste índice de una manera clara. Ese es el objetivo de este post. En este documento tendremos la oportunidad de aproximarnos a todas estas cuestiones, aunque siempre con la humildad y la prudencia que requiere el análisis de cualquier fenómeno social.

Si observamos los datos de la Encuesta Social Europea (ESS) en relación al interés por la política podremos averiguar que en el año 2002, solamente un 22% de los españoles mostraban tener tal interés, frente a un 78% que mostraba su rechazo o indiferencia. Las cifras hablan por sí solas, y hacen ver que la sociedad española sufría una desafección por los asuntos políticos. Más aún si comparamos con países de nuestro entorno donde existía un interés considerablemente mayor. Es el caso de Italia (34.4%), Portugal (38.1%), Francia (40%) o Alemania (63.3%). Es curioso que por el contrario la propensión a participar en actividades de protesta en la calle es muy superior en España que en otros países europeos (Calvo y Garcíamarín, 2016).

En el siguiente gráfico podemos observar el interés por la política en diversos países europeos a partir de la media europea. Es interesante observarlo en perspectiva comparada para poder ver con claridad que en el año 2002, el interés por la política de los españoles era bajísimo comparado con otros países europeos. En una escala del 1 al 4 donde el “máximo desinterés por la política” se sitúa en el 4, la media española supera el 3.1 de media (frente a la media europea que se sitúa cerca del 2.55.)

“Históricamente, España siempre ha sido el país con menos interés en la política”, explica el Politólogo Mariano Torcal en una entrevista para elEconomista. Debemos entender que los Españoles han escogido una actitud pasiva o crítica con los asuntos políticos, que ha sido un comportamiento muy concurrente en las nuevas democracias surgidas en los años 80.

Es cierto que una de las razones de éste desinterés puede estar representada en la estigmación de la política en nuestro país. Se ha creado una imagen negativa sobre todo de la clase política y de las instituciones como asuntos ineficientes e inservibles, muy lejos de los problemas del hombre de a pie. Tras casi 40 años de dictadura, donde la ausencia competición entre partidos condenaba a la política a tener un papel residual en la vida de los ciudadanos, parece sensato pensar que estos tiempos de juventud democrática iban a despertar un gran interés en los ciudadanos. Pero no ha sido así.

Anabel Díez escribía en El País un artículo titulado “El estigma de los políticos”, donde indicaba que la corrupción ha contribuido al descrédito de la política y ha disparado la desafección.
Pero en los últimos años, los datos hablan de un espectacular incremento del interés de los ciudadanos en la política en España. La crisis económica, que ha tocado a muchas familias ha sido uno de los elementos centrales de éste crecimiento. Es paradójico, pero ¿Puede nacer el interés por la política del descontento? Parece que la desmesurada cantidad de casos de corrupción destapados durante la crisis, unido a la proliferación de movimientos ciudadanos de protesta contra los recortes, han fomentado la implicación y sensibilización de los ciudadanos con los asuntos políticos.

Además, en los últimos años hemos asistido a acontecimientos políticos inéditos, como el surgimiento de fuertes formaciones políticas a partir de asambleas ciudadanas (Podemos y C’S), el movimiento de protesta 15-M – que ha tenido un valor simbólico enorme como oposición a la política de élites -, o la abdicación del Rey. Todos estos acontecimientos han sido de una trascendencia muy elevada y han provocado que la política pase a ser un elemento esencial en la vida de los ciudadanos. Según el CIS postelectoral de las elecciones generales del 2015, el 58,3% de los españoles siguen la información política y electoral “todos o casi todos los días”.

Pero debemos resaltar el factor que más ha contribuido a mantener a la sociedad al día con los asuntos políticos: Las televisiones y las redes sociales. Mediante el establecimiento de la agenda y del marco o frame, las noticias son capaces de influir en la percepción que la ciudadanía tiene de los movimientos sociales y sus demandas y también en el apoyo público que recibe el cambio social (McLeod & Detenber, 1999; Andrews & Caren, 2010). En los últimos años han aparecido infinidad de programas de televisión que tratan sobre política. Tertulias, debates, análisis, especiales… lo cierto es que nos han convertido en “teleadictos” de la política. A todas horas podrás encontrar estos programas.
Un dato sorprendente de los que se desprenden de la Encuesta Social Europea, es que éste aumento del interés por la política ha sido más elevado en los adultos que en los jóvenes. En el año 2002, el interés de los adultos superaba ligeramente el de los jóvenes (2,6%). La diferencia se incrementa en el año 2014 (3,9%). Por lo tanto, pese a que las cifras globales son muy positivas, a nivel comparativo los jóvenes siguen siendo menos atentos a las cuestiones políticas que los adultos.

Las redes sociales, a su vez, han permitido tener un seguimiento pleno y global de todos los acontecimientos de primer orden. El hecho de que la ciudadanía tenga la posibilidad de producir y difundir sus mensajes y contenidos, de forma relativamente autónoma, a través de las redes sociales, constituye una fuente de empoderamiento (Castells, 2009).También los políticos han visto en esta mediatización de asuntos antes aborrecidos, la oportunidad para vender sus mensajes a un gran público. Es lo que se llama la “política-pop”: la utilización por parte de los políticos de un formato parecido a los shows y las celebrities para así poder llegar a los ciudadanos menos interesados, tal y como explica Marta Rebolledo, experta en Comunicación Política de la Universidad de Navarra.
En conclusión, tradicionalmente el ciudadano español – por conocimiento o desafección – ha mostrado muy poco interés a los asuntos políticos. Pero esto está cambiando, con la revolución tecnológica y la era de la “política televisada”. Se ha conseguido resucitar el interés de los ciudadanos, y ha convertido la competición política en una especie de teatro donde poco importa la verdad o los hechos, pues lo que se impone es la imagen y el relato de los interlocutores. Parece que seguirá aumentando el interés por la política mientras la gente siga consumiéndola televisivamente como un producto más, cada día más atractivo.

 

Bibliografía