Sol Ailén Oddone, Laura Pérez, Mario Pisano, Esther Porras.

En la actualidad, tanto en Chile como en España, imperan regímenes democráticos, pero esto no fue así hace unas décadas. Ambos Estados vivieron bajo el yugo de una dictadura durante lustros. En el caso de Chile, la dictadura dirigió el país durante 17 años, tras haberse hecho con el poder por medio de un golpe de Estado en 1973 y terminar derrocando al Gobierno democrático de Salvador Allende. Consecuentemente, se han generado instituciones democráticas débiles, sistemas de partidos políticos que no generan confianza y una clase política con dificultad para avanzar a aquello que la sociedad requiere (Payne, Zovatto & Mateo, 2006). La transición chilena fue pactada (como lo categoriza Guillermo O’Donnell) y dejó vestigios que continúan en el presente, como, por ejemplo, su Constitución.

 

En España, la historia es similar: 36 años bajo una dictadura que obtuvo el poder por medio de un golpe de Estado contra un Gobierno elegido democráticamente. Desde que se volvió a instaurar la democracia, de forma progresiva, se han ido alcanzando las cotas más bajas, y se puede explicar por: la corrupción que se ha dado en los últimos años, el descontento con los partidos políticos e instituciones, la falta de consenso y la percepción de conflicto entre los actores políticos principales. En principio, esta falta de satisfacción no genera un peligro para el régimen democrático mientras exista una reserva de legitimidad, que sería el factor que mantiene su perpetuidad, pero es signo de preocupación si se mantiene negativo por mucho tiempo.

 

Actualmente, las democracias de ambos países encuentran dificultades. En el caso de España, sólo en 2019 hubo dos elecciones consecutivas, dejando a la luz las dificultades para formar gobierno en el nuevo panorama multipartidista español. En Chile, la subida de precios del transporte público sacó a la luz el descontento de la ciudadanía mediante protestas y condujo a un referéndum para cambiar la Constitución heredada de la dictadura de Pinochet.

 

Las secuelas de dictaduras tan duraderas como estas no se curan fácilmente. Tras conocer el contexto de estas dos sociedades, indagaremos en los datos más actualizados sobre la satisfacción que tienen con el funcionamiento de la democracia. ¿Cómo se relaciona la postura ideológica imperante en ambos territorios con la nombrada satisfacción con el funcionamiento de la democracia?

Gráfico 1: Posición ideológica de Chile y España para el año 2018.

Fuente: Elaboración propia con datos de ESS (España) y Latinobarómetro (Chile).

 

A partir de los datos obtenidos podemos observar que Chile presenta una inclinación ideológica a la derecha, sintiéndose representados hasta en un 40% de los encuestados con la derecha política. Por otro lado, España se encuentra en un panorama inverso, con una clara tendencia a la izquierda, presentándose la misma como la ideología imperante en este país europeo, con un 48,6%. Cabe destacar las similitudes ideológicas de ambos países con respecto al centro político, con un 24,8% y un 24,5% para Chile y España, respectivamente. Para analizar la cuestión planteada en este post, cruzamos los datos de la ideología de los dos territorios con su satisfacción con el funcionamiento de la democracia.

 

Gráfico 2: Satisfacción con la democracia en relación a la ideología en Chile para el año 2018.

Fuente: Elaboración propia con datos de ESS (España) y Latinobarómetro (Chile).

 

Gráfico 3: Satisfacción con la democracia en relación a la ideología en España para el año 2018.

Fuente: Elaboración propia con datos de ESS (España) y Latinobarómetro (Chile).

Con los datos expuestos, podemos observar que, para el caso de España, la ideología tiene una influencia leve a la hora de determinar la satisfacción de los encuestados con el funcionamiento de la democracia: la mayoría de los votantes, con poca diferencia entre ideologías, se siente “más bien satisfecho” con el funcionamiento de la democracia, todos con más de un 50%. No obstante, sí que se determinan algunas diferencias en función del posicionamiento ideológico: la izquierda política destaca en las posturas más pesimistas en cuanto a la satisfacción con el funcionamiento de la democracia, así como la derecha sobresale en la mejor opción.

 

En relación al estudio de Chile, atisbamos cómo la satisfacción con el funcionamiento de la democracia sí varía entre los votantes de las distintas posiciones ideológicas. En mayor parte, tanto los encuestados de izquierda y de derecha se sienten “no muy satisfechos” con el mismo, con porcentajes de hasta un 52,3% y 47,2%, respectivamente. Por otra parte, el centro político se identifica en un 55,4% – el mayor número de personas – con la postura de “más bien satisfecho”. Los niveles de satisfacción son menos estables para el caso de Chile.

 

Estos resultados llevan a preguntarnos por qué se dan estas distinciones, dejando de relieve el diferenciado contexto regional entre un país europeo y otro latinoamericano, la mayor madurez de la democracia española frente a la chilena y la supervivencia de la Constitución de Pinochet, que parece tener los días contados.

BIBLIOGRAFÍA

Cereceda-Marambio, K., & Torres-Solís, A. (2017). Satisfacción con la democracia en Chile: De lo normativo a lo valorativo. Revista de Sociología 32(1), 32-49.

Garretón, M. (2004). De la transición a los problemas de calidad en la democracia chilena. Política, 42, 179-206

Huntington, S. P. (1994). La tercera ola: la democratización a finales del siglo XX. Barcelona: Paidos, Ibérica.

Payne, J., Zovatto, M., & Mateo, M. (2006). La Política Importa. Democracia y desarrollo en América Latina. Washington D.C.: Planeta.

Sotillos, I. D. (2015) La satisfacción con la democracia en España: ¿qué efectos genera ganar o perder en elecciones generales? RIPS Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas, 9-31