Sergio Gamboa Troyano.

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#Nacionalismo

En una entrevista del pasado 13 de enero para “El País” (2018) se preguntaba al líder de Ciudadanos Albert Rivera, sobre cuáles serían sus prioridades en el caso de que llegara al gobierno: el paro y la precariedad por un lado y la unión de los españoles por otro, espetó el líder naranja. Está claro que Rivera apuntaba hacia el independentismo catalán situando el problema al nivel de otros de índole económica, lo cual podría leerse como una movilización de lo que se ha llamado nacionalismo español. De hecho, las últimas encuestas traen buenas noticias para Ciudadanos en cuanto a estimación de voto: según Metroscopia (enero 2018), Ciudadanos obtendría el 27,1% y el PP el 23,2%; según el Barómetro del CIS (enero 2018), obtendrían el 20,7 % quedando por encima el PP y PSOE con 26,3% y 23,1%, respectivamente; y según GAD3 (febrero 2018), la formación naranja resultaría ganadora con un 27%.

Aunque es evidente que las encuestas electorales “cocinan” sus datos, es innegable que Ciudadanos está siguiendo una tendencia de crecimiento. En las recientes elecciones catalanas del pasado 21 de diciembre Ciudadanos alcanzó ser la primera fuerza política con un 25.35% de votos. Sabemos que debemos ser cautelosos ya que, aunque la realidad electoral autonómica presente ciertos paralelismos con la realidad electoral estatal, Cataluña es un ejemplo en los que estas similitudes se diluyen (Llera, 1998). Así, no deja de ser llamativo que en una Comunidad Autónoma como Cataluña, en la que los efectos mayoritarios del sistema siempre habían beneficiado a partidos regionalistas catalanes (Lago y Montero, 2005), un partido centralista como Ciudadanos haya conseguido tales réditos electorales.

¿Qué puede explicar este fenómeno? A nivel autonómico sabemos que años atrás se ha ido polarizando el debate en torno al eje centro-periferia, sobre todo a partir de 2012 cuando se pone rumbo al proceso independentista catalán, lo que ha llevado a Ciudadanos a beneficiarse de aquello (Rico y Liñeira 2014). Tanto en las elecciones autonómicas de 2006 como en las de 2010, los votantes de Ciudadanos se sentían principalmente españoles o tan españoles como catalanes (Rodríguez-Teruel y Barrio, 2016), lo cual es un claro indicador. En las elecciones autonómicas de 2012, cuando más crece la polarización, Ciudadanos aumenta votos en detrimento del PP y del PSC (Ibid, 2016). No obstante, son las elecciones catalanas de 2015 las que afianzan a Ciudadanos como principal partido de la oposición frente a los partidos independentistas, por encima del PP y PSC. El varapalo final se lo llevan estos dos partidos en las ya comentadas pasadas elecciones del 21 de diciembre de 2017, en las cuales Ciudadanos alcanza el primer puesto, el PP se hunde (principalmente por su mala gestión de la crisis secesionista catalana a nivel estatal) y tanto PSC como en Comú-Podem no consiguen captar demasiados votos en una tesitura polarizada en la que ninguno de los dos se siente cómodo.

Como vemos, en el ámbito autonómico, Ciudadanos ha conseguido un enorme éxito gracias principalmente a su liderazgo en la oposición al independentismo catalán. No obstante exageraríamos si decimos que la oposición de Ciudadanos al independentismo catalán puede llevar al partido naranja a ganar las próximas elecciones generales, más aun teniendo en cuenta que, según el último Barómetro del CIS (enero 2018), “la Independencia de Cataluña” no figura como un problema tan importante (el cuarto). Es más, podemos observar en el GRÁFICO 1 que, entre las personas que entienden que la Independencia de Cataluña es el principal problema, la mayoría son del PP y no de Ciudadanos. No obstante queda claro que es el problema más polarizado en relación al resto.

Si aceptamos que la oposición al independentismo es condición necesaria pero no suficiente para el éxito estatal de Ciudadanos ¿Cuál es el factor determinante? ¿Puede deberse a la movilización del “invisibilizado” nacionalismo español? ¿Existe el nacionalismo español? Veamos.

A partir de los 90 se publican diversas obras cuyo objetivo es el estudio sobre el denominado nacionalismo español. La opinión mayoritaria sostiene que el nacionalismo español desaparece de la vida pública a partir de la transición democrática, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta la “identificación  del nacionalismo español con el régimen franquista” (Muñoz, 2012: 42); es decir, a las élites de la transición no les interesaba tener este tipo de debates, sobre todo porque gran parte de sus integrantes provenían de las propias élites franquistas (Ibid, 2012). Así con la transición se instaló una suerte de equilibrio pactado, carente de toda lectura común de lo ocurrido durante los últimos 40 años, materializado en la Constitución de 1978 y en la construcción del Estado de Autonomías con el predominio de la soberanía nacional española, sumado a los nuevos tintes europeístas que vinieron de la mano del PSOE (i Permanyer, 1994). Así podemos decir que, en parte, el nacionalismo español puede calificarse dentro de aquello que Billig denominó “nacionalismo banal” (1998) al darse una suerte de olvido sociológico de éste, diluido y naturalizado en nuestra sociedad e instituciones. No obstante hay dos detalles que, siguiendo a Muñoz Mendoza (2012), alejan el caso español de su enmarque en el modelo de Billig: España carece de un consenso sobre los símbolos nacionales, sumado a las reticencias de su exhibición pública, salvo cuando algún nacionalismo periférico (como el vasco o el catalán) cuestionan el statu quo actual, en cuyo caso se tiende a movilizar y articular conscientemente el nacionalismo español. Un ejemplo de esto último lo hemos visto recientemente por parte de PP y Ciudadanos, al ondear “la Rojigualda” con motivo de la crisis secesionista catalana.

Así, el consenso que se instaló en la transición sobre las bases de la Constitución y el Estado de las Autonomías determinó que la movilización del nacionalismo español no fuera favorable electoralmente (Jiménez-Sánchez y Ardoy, 2015). Sin embargo los diferentes cuestionamientos de partidos regionalistas sobre el statu quo territorial, así como el inicio de la crisis económica (Amat, 2012), marcan un distanciamiento considerable entre los distintos partidos de ámbito estatal en esta materia. Es a partir de entonces cuando, como han comprobado Jiménez-Sánchez y Ardoy (2015), el PP comienza a sacar rédito electoral gracias a la articulación de la identidad española y de discursos por la centralización (sobre todo durante el Gobierno de Aznar) y el PSOE, al contrario, se ve perjudicado.

Podemos sostener que desde el ala política derecha se ha ido conformando un discurso nacionalista español que, aunque use la Constitución y sus valores –añadiendo tintes europeístas- para respaldarse en la mitificada idea del consenso (y que contenta al PSOE), tiene cada vez más rasgos centralizadores e identitarios. Por tanto, efectivamente existe un nacionalismo español que, lejos de ser inclusivo, se ha venido utilizando a modo de arma arrojadiza o como símbolo político cuando se ha dado cualquier crisis territorial. Esto ha sabido leerlo muy bien Ciudadanos y aunque no se puede sostener que su éxito en las encuestas provenga íntegramente de su oposición a la Independencia de Cataluña (puesto que no es un problema que actualmente importe tanto a los españoles), sí que puede alumbrar la hipótesis, que convendría estudiar en un futuro a partir de las siguientes elecciones generales, sobre en qué medida el PP ha acusado electoralmente su mala gestión de la crisis secesionista catalana produciéndose el traspaso de votos a Ciudadanos así como el relevo en el liderazgo de la derecha y las cuestiones nacionalistas e identitarias españolas.

Una simple ojeada a la página web de Ciudadanos donde podemos ver su Proyecto observamos que su bloque 2 de medidas se titula “Unión e igualdad de todos los españoles”. En dicho apartado se entrelazan medidas por la conciliación parental con medidas que buscan “reformar España, no romperla” utilizando conceptos como “separatistas” o medidas que buscan cerrar el desarrollo autonómico congelándolo mediante una reforma constitucional que impida cualquier modificación territorial regional. Este tipo de medidas sumado al discurso del partido en diferentes debates y entrevistas, deja claro la manifiesta apelación, cada vez más frecuente, a cuestiones relacionadas con el nacionalismo español que desde la época de Aznar y sobre todo a partir de la crisis económica el PP ha encarnado. Aunque no podamos relacionar a Ciudadanos con los partidos populistas xenófobos de derecha que emergen a nivel europeo, lo que si podemos afirmar es que Ciudadanos ha comprendido que la pertenencia y lo identitario otorga estabilidad y continuidad a las estructuras políticas con las que se vincula (Jiménez, Ardoy y Fuentevilla, 2017).

A modo de conclusión me gustaría hacer referencia a cuatro ideas que me parecen destacables de este breve estudio:

  • Queda claro que el nacionalismo español existe y que, aunque los años posteriores a la transición diera la sensación de que era “invisible” cuando ha habido cualquier crisis, principalmente territorial, el PP (y ahora Ciudadanos) ha sabido sacar rédito electoral.
  • A falta de una respuesta empírica apunto a la hipótesis de que se está produciendo un transvase de apoyos desde el PP, hasta Ciudadanos cuya causa no solo es el descrédito del PP sino la creciente movilización por parte de Ciudadanos del ideario nacionalista español.
  • El miedo a la independencia de Cataluña no termina de ser el factor esencial del éxito de ciudadanos en las últimas encuestas, aunque sí un desencadenante.
  • Este repliegue identitario, que está teniendo lugar en democracias consolidadas, ha llegado a España aunque, de momento, no con tintes xenófobos y populistas.

 

BIBLIOGRAFÍA.

Amat, F. (2012). “Identidad y cambio institucional: Los efectos de la competición política.” Laboratorio Fundación Alternativas 12/05.

Billig, M., & Núñez, R. (1998). El nacionalismo banal y la reproducción de la identidad nacional. Revista Mexicana de Sociología, 37-57.

i Permanyer, B. D. R. (1994). Aproximación al nacionalismo español contemporáneo. Studia historica. Historia contemporánea, (12), 11-29.

Jiménez-Sánchez, M. R., & Ardoy, L. N. (2015). Las huellas electorales del nacionalismo español. Identificación territorial y voto en los partidos políticos de ámbito estatal, 1980-2013. Revista internacional de sociología, 73(1), 1

Jiménez, A. M. R., Ardoy, L. N., & Fuentevilla, E. F. (2017). Patriotes socials. L’esquerra davant el nacionalisme espanyol. Papers: revista de sociologia, 102(3), 421-448.

Lago, Ignacio, y José Ramón Montero (2005). “Todavía no sé quiénes, pero ganaremos: manipulación política del sistema electoral español”. Zona Abierta, 110-111: 279-348

Llera Ramo, F. J. (1998). Los rendimientos de los sistemas electorales de las Comunidades Autónomas: el predominio del bipartidismo imperfecto. Reis, No. 82. 127-157.

Montero, J. R., & Riera, P. (2009). El sistema electoral español: cuestiones de desproporcionalidad y de reforma. Anuario de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, 13, 225-270.

Muñoz Mendoza, J. (2012). La construcción política de la identidad española:¿ del nacionalcatolicismo al patriostismo democrático? (Vol. 279). CIS.

Rico, G., & Liñeira, R. (2014). Bringing secessionism into the mainstream: The 2012 regional election in Catalonia. South European Society and Politics, 19(2), 257-280.

Rodríguez Teruel, J., & Barrio, A. (2016). Going National: Ciudadanos from Catalonia to Spain. South European Society and Politics, 21(4), 587-607.

Otros.

Barómetro CIS enero 2018.

Castro C. (17 de marzo de 2018). Ciudadanos atrapa al PP mientras el PSOE se estanca y Podemos se hunde. La Vanguardia. Recuperado de http://www.lavanguardia.com/politica/20180317/441602908634/encuesta-elecciones-espana-ciudadanos-pp-psoe-podemos.html

de Miguel R. y Gálvez J. J. (13 de enero de 2018). Albert Rivera: “Me veo capaz de gobernar con gente del PP y del PSOE. El País. Recuperado de https://politica.elpais.com/politica/2018/01/13/actualidad/1515863609_417898.html

Metroscopia. (16 de enero de 2018). Barómetro electoral enero 2018. http://metroscopia.org/barometro-electoral-enero-2018/