Julia Martín Lozano. 1 DICIEMBRE 2017.

La medida de reforma de La Gran Vía propuesta por el Ayuntamiento de Madrid resulta una propuesta “amable y muy verde”, según declaraciones de la propia alcaldesa -Manuela Carmena- en OK diario, en la noticia titulada “Carmena cerrará para siempre la Gran Vía al tráfico a partir de esta Navidad” (2017). Sin duda, es una medida acorde a una modernización europea de Madrid, con el objetivo de reducir la contaminación y construir ciudades europeas más amables e inteligentes, aún a riesgo de sacrificios solícitos para la vida cotidiana de la ciudadanía.

Madrid se suma a la corriente vanguardista de modernización y progreso de las grandes ciudades europeas, proyectos que inundan las decisiones de grandes capitales desde la última década del siglo XX.

La ciudad sueca de Estocolmo fue pionera en el establecimiento de una zona limitada al tráfico en 1996. Desde Agosto de 2007, después de un referéndum a sus ciudadanos, todas las entradas y las salidas del área de tráfico limitado han estado provistas de puntos de control automáticos que funcionan con un sistema de reconocimiento del número de matrícula. París es una de las ciudades europeas que más medidas ha tomado para detener los altos niveles de polución causados por el tráfico rodado. En 2008, la capital alemana creó une “zona medioambiental” urbana donde solo se permite la entrada a los vehículos que cumplan ciertas normas en cuanto a la emisión de gases. Berlín ha establecido una serie de placas que identifican al coche como poco o muy contaminante, siendo los que tienen las placas verdes los más limpios y los únicos que pueden circular por el centro de la ciudad. La capital británica, Londres, tiene una especie de “Zona LEZ” donde existe un sistema de tarifas de congestión que limita la circulación por el centro de la ciudad, para evitar la contaminación producida por los vehículos diesel y los de gran tamaño. Roma protege su centro histórico, es otra de las ciudades europeas que activa el sistema de circulación alterna, matrículas pares o impares dependiendo del día y cuando se registran altos niveles de contaminación. En Copenhague, el ciclista es el rey, se están construyendo “autopistas” ecológicas para garantizar que los ciclistas dispongan de rutas seguras para entrar en la ciudad. Bruselas ha construido una zona peatonal gigante, cuenta con la zona peatonal más grande de Europa, con más de 50 hectáreas.

Ante todo esto, surge la expectación ante la oleada de anuncios y propósitos lanzados por el gobierno municipal de Ahora Madrid respecto al proyecto de un futuro peatonal de la Gran Vía madrileña. Anuncios y desmentidos que, a veces, provocan la duda de si es posible o no el ansioso proyecto de un Madrid “más amable y verde”.

El ideal de un Desarrollo Sostenible puede llegar a entrar en conflicto con diversos intereses comerciales, económicos y debates políticos. En ocasiones, “quitar la basura” de una calle no es la única ni mejor medida posible para acabar con las malas prácticas y costumbres de una sociedad. Como afirman algunas Asociaciones de vecinos, como la del Barrio de Chueca, “El problema más preocupante es que la Gran Vía se convierta en una gran terraza. Esto significaría convertir la Gran Vía en un gran parque temático y afectaría a la habitabilidad de la zona”, declaración recogida en el artículo de Constantini (2017).

En definitiva, el conflicto y la pugna de intereses están en el aire. Mientras el Consistorio madrileño, encabezado por Carmena, argumenta que la medida obedece a un plan europeo y que el incumplimiento del mismo podría conducir a España a un conjunto de sanciones económicas importantes, el PP madrileño arguye que el gobierno municipal lo único que hace es prohibir. La guerra está declarada. Y, mientras tanto, son los propios ciudadanos los que sufren las consecuencias de tales conflictos.

Puede que sea más recomendable educar a la ciudadanía a ser responsable y no generar males
medioambientales, fruto de una nefasta convivencia y de una ausencia de diálogo.

 

REFERENCIAS: