Marina Silva Martínez.

 

El día 1 de diciembre de 2017 se semipeatonalizó la calle Gran Vía de Madrid con un sistema que consiste en la ampliación de aceras, reducción de carriles y la creación de un sistema de movilidad integrando la bicicleta en el resto del tráfico para la reducción de la contaminación, además de conseguir un modelo de ciudad perseguido por Ahora Madrid.

El proyecto solo permite que circulen por la Gran Vía taxis, autobuses, coches de residentes, carga y descarga, y coches no contaminantes. Tras un breve estudio sobre alternativas a la peatonalización y soluciones a la contaminación atmosférica, se podría incluir en estas medidas un tipo de peaje para los vehículos que necesiten acceder al espacio.

A partir de la lectura indicada podemos contextualizar la idea de un sistema de precios para circular por la vía en cuestión:

Matas Prat, A. (2004). Políticas de transporte y congestión en áreas urbanas: un panorama. Urban Public Economics Review, (1).M

La literatura afirma que un sistema de precios simple genera un aumento de bienestar. Este depende del nivel de costes externos y características del área urbana. Además se necesita un política de transporte integrada contemplando los precios y inversión de los medios de transporte. Podemos ver que la medida ha sido implantada en ciudades como Oslo o Londres, pero no en una ciudad como Madrid, que se podría proponer(a diferencia de estas ciudades) no como complemento de la peatonalización sino como alternativa). El aumento del transporte en vehículos privados sobre todo por áreas urbanas da lugar a fuertes externalidades negativas que podrían estar cubiertas por el usuario que decide utilizarlo, siempre y cuando haya un transporte alternativo eficaz. A pesar de la defensa teórica han sido pocas las ciudades que lo han implantado esta política de precios que contemple la internalización de los costes externos. Esto se puede deber a que cuando se habla de pagar por hacer un uso de la vía pública (como pasa con la zona azul de las ciudades por aparcar) nos vemos reacios a ello.

Podemos afirmar lo anteriormente expuesto basándonos en el siguiente estudio que propone los peajes urbanos como un factor de sostenibilidad y competitividad en el transporte urbano y lo aplica a Madrid, este es:

Muñoz, J., & Anguita, F. (2018). Los peajes urbanos como factor determinante de sostenibilidad y competitividad en el transporte urbano: un estudio aplicado a Madrid. Revista EURE-Revista de Estudios Urbano Regionales44(131).

Aquí podemos ver otra explicación de cómo los peajes urbanos contribuyen altamente a mejorar la sostenibilidad en el transporte de las grandes ciudades. Analiza los posibles cambios de comportamiento de los ciudadanos madrileños a través de un encuesta que se les hace proponiéndoles tal medida. Las consecuencias de la encuesta acerca de la medida podrían ser negativas ya que es posible el rechazo de la población madrileña, si se da esta situación el ayuntamiento tendría que decidir otra medida o modificar la propuesta teniendo en cuenta las peticiones de los ciudadanos. Tras ver los resultados obtenidos confirma nuestra hipótesis de que esta medida proporcionaría una reducción de del uso del automóvil y la alternativa para frecuentar estas calles sería el uso de la bicicleta o a pie.. Estas dos variables podemos ver que son inversas, a menor uso del transporte privado mayor uso de otros medios de transporte mas sostenibles, y esto lo que produce es una disminución de la congestión urbana en el centro de las ciudades, lo que nos lleva a alcanzar un mayor grado de sostenibilidad.

Por lo tanto, nuestra medida de crear peajes urbanos no solo contribuiría a obtener un mayor grado de sostenibilidad sino también a hacer ver a la población que usar su automóvil tiene costes y que hay otras alternativas de movilidad.

Nuestras medida consiste en crear un sistema de precios óptimo  que debe basarse en un principio de eficiencia económica maximizando el bienestar social, por lo tanto ese precio, que los usuarios deberían pagar para cruzar la Gran Vía en caso de no ser los vehículos permitidos, debe ser igual al coste marginal que ocasionan. Que se controlaría a través de maquinas con barras de seguridad que dejen paso a los vehículos que han pagado y también a través de cámaras de vigilancia. Hay una creencia popular que considera que los latinos (donde incluimos a los españoles) somos mas reacios a pagar impuestos que nuestros vecinos del norte, el ayuntamiento ni si quiera se ha planteado este tipo de medidas por la poca aceptación popular que se propone. Si tal creencia fuese cierta los usuarios solo pagarían el peaje por motivo de estricta necesidad. Esta medida aportaría algo que no contempla la semipeatonalización de la Gran Vía y es la necesidad por cualquier razón aleatoria de cruzarla.

La Gran Vía debe ser peatonalizada ya no solo por los niveles de contaminación que ha alcanzado la ciudad de Madrid (muchos dicen que la medida no los va a reducir, habrá que esperar resultados) sino también por perseguir un modelo de ciudad Europeo, un centro de ciudad donde prime el peatón y no el vehículo privado, un fomento del transporte publico como medio para moverse por una gran ciudad.